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¿Cómo abordar la prevención cuando el trabajo es a tiempo parcial?

Mié, 15/10/2014 - 12:20
PEX

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Hay bastantes indicios de que trabajar a tiempo parcial afecta negativamente a la salud, aunque no hay muchos estudios disponibles. Un informe realizado para la OIT (2012) afirma de manera rotunda sobre el tiempo parcial que, “dada su creciente prevalencia, hay una clara y urgente necesidad de investigar las implicaciones potenciales para la salud y seguridad de los contratos a tiempo parcial o de semana reducida”.

Sabemos que el crecimiento de la contratación a tiempo parcial que registran las estadísticas españolas es principalmente de carácter involuntario, por eso a la hora de considerar los riesgos laborales de la contratación a tiempo parcial tenemos que asumir que los efectos sobre la salud de este tipo de contratos no son solo los derivados de las condiciones de higiene, seguridad, ergonómicas y de organización del trabajo, sino que se verán afectados también, y en gran medida, por la precariedad contractual. La jornada a tiempo parcial involuntaria está asociada a toda una variedad de condiciones de trabajo negativas para la salud: largos horarios de trabajo, frecuente pluriempleo, exigencia de alta disponibilidad y cambio de turnos arbitrario, largos desplazamientos, insuficiente descanso y tiempo de ocio, mayor riesgo de fatiga y lesiones, presiones sobre el rendimiento y mayor exposición a factores de riesgo laboral; a veces no evaluados. Por tanto, tiene potencialmente un mayor impacto en la salud a corto y largo plazo. Es importante tomar en cuenta cuáles son los colectivos más afectados: las mujeres, los jóvenes, generalmente en el sector servicios y en empresas sin representación legal sindical.

Parece claro que desde el punto de vista preventivo, a efectos de valorar las condiciones de salud y seguridad y la evaluación de riesgos, es muy importante que el tiempo parcial no se considere como una condición de trabajo más, sino como un aspecto muy relevante. Hay al menos tres grandes facetas a tomar en cuenta:

1. Hay que asegurar que en las evaluaciones de riesgos no se omite a estos trabajadores y que en el plan de prevención se adopten todas las medidas necesarias para reducir sus riesgos. Es importante que en la evaluación de riesgos se contemple expresamente la distinción de tipo de contrato y se examine por separado a los colectivos afectados, considerando especialmente la situación de mujeres y jóvenes.

2. Hay que garantizar que los colectivos de trabajadores “menos presentes en la empresa” puedan acceder con las mismas garantías a todas las actividades preventivas (incluyendo formación, información, vigilancia de la salud, etc.) y a la protección social.

3. Criterios de valoración: hay que partir de la idea de que un menor tiempo de exposición no implica necesariamente riesgo menor. Por ejemplo, para determinadas sustancias para las que no hay un valor umbral seguro (como pueden ser las clasificadas como cancerígenas, mutágenas y tóxicas para la reproducción), las exposiciones durante periodos más cortos no son garantía de mayor protección de la salud. Los delegados no deben permitir que se someta a los trabajadores a tiempo parcial a concentraciones más elevadas. Otro ejemplo, esta vez del campo ergonómico: la intensidad, el tiempo y la frecuencia son las tres variables fundamentales a tener en cuenta en la valoración del esfuerzo físico y postural del puesto de trabajo. Por lo tanto, en la evaluación de riesgos hay que comprobar que una persona a tiempo parcial que desarrolle las mismas tareas que otra contratada a jornada completa no esté sometida a una intensidad y frecuencia mayores que la del puesto a jornada completa con exigencias organizativas diferentes.

Concluyendo, además de los riesgos laborales del puesto, hay que tomar en cuenta que los trabajadores a tiempo parcial, especialmente cuando no es voluntario, son trabajadores vulnerables. Muchos no están afiliados a ningún sindicato. Es por tanto fundamental que los delegados de prevención trabajen para que en las evaluaciones de riesgos se contemplen tanto los riesgos propios del puesto de trabajo como todos los efectos asociados a la precariedad de este tipo de contratos.