Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

¿Caducas o trabajas? Balance de un año de campaña

Jue, 15/07/1999 - 12:19
III

Acción sindical

Hace un año se lanzó la campaña de CC.OO. para la prevención de las lesiones músculo-esqueléticas. El balance demuestra que hay mejoras que se pueden conseguir. Pero también que nadie nos va a regalar nada.

Cada vez está más claro. Las alteraciones músculo-esqueléticas se han convertido en una auténtica epidemia que afecta a muchos millones de trabajadores. Cada vez hay más gente expuesta a los factores de riesgo que las provocan. Algunos sufren lesiones avanzadas y graves, como tendinitis; otros, un desgaste paulatino que les roba la salud tras años de esfuerzos constantes. Son sobre todo problemas de fatiga muscular que afecta a la gente que tiene que manipular cargas, que realiza un trabajo repetitivo, rápido, o en posturas forzadas o incómodas. En todos los sectores y prácticamente todos los oficios se dan estos riesgos, desde el trabajo con pantallas hasta la construcción.

Hacer visible lo invisible
La campaña se monta con la idea de hacer visibles estos riesgos y ayudar a evitarlos mediante acción sindical en las empresas. Desde luego no tenemos una varita mágica, pero sí una propuesta de trabajo que los Delegados y Delegadas de Prevención pueden utilizar en sus empresas.

Empezamos introduciendo en la empresa los carteles y trípticos de la campaña, vemos con los Delegados las bajas por estas causas y pedimos una reunión para presentar la campaña al Comité de Empresa o el Comité de Salud y Seguridad. Buscamos el compromiso de todos: la dirección, los técnicos y los trabajadores.

A continuación realizamos actividades de formación, e inspecciones del centro de trabajo utilizando guías, cuestionarios y listas de control elaborados para la campaña. Entrevistamos a los trabajadores y les preguntamos sus síntomas, las zonas en las que tienen molestias (dolor, hormigueo, pérdida de sensibilidad o fuerza), a qué actividades achacan sus molestias, qué mejoras piensan que se pueden introducir a corto o a más largo plazo.

Con los datos recogidos, elaboramos un informe sobre:

  • Salud: bajas, síntomas, molestias. Hacemos evidente que son problemas colectivos y que están relacionados con el trabajo.

  • Riesgos: Identificamos los factores de riesgo más importantes. Así podemos aportar nuestro punto de vista en la evaluación de riesgos.

  • Propuestas: Medidas que queremos se incluyan en el plan de prevención. Intentamos influir sobre la política de compras de la empresa y la organización del trabajo.

La madre del cordero
La realización de una buena evaluación de riesgos es uno de los objetivos de la campaña. Es la palanca que pone en marcha todo el engranaje de la prevención. Según la III Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, tan solo el 46% de las empresas han llevado a cabo una evaluación inicial de los riesgos, y las pocas que se han hecho son muy pobres. Estamos viendo evaluaciones de riesgos para colectivos de trabajadores como auxiliares de enfermería, microelectrónica, confección, cajeras de supermercados o limpieza, en las que, a pesar de que la gran mayoría de bajas se deben precisamente a lesiones músculo-esqueléticas, nada se dice sobre los factores de riesgo que las provocan. Así se sigue negando el origen laboral de estas lesiones y se completa el círculo vicioso de la invisibilidad del riesgo.

 

 

Víctimas de este riesgo negado son sobre todo las mujeres. En varios sectores, el trabajo de la mujer suele ser más estático, con posturas fijas, rápido, repetitivo y con poca variedad. Requiere más tacto, más precisión, más atención mantenida. Hay muy pocos descansos y el ritmo es muy intenso. Existe el mito de que el trabajo femenino es ligero y sin riesgos. Por lo tanto, no hay que estudiarlo ni que mejorarlo. Las mujeres tenemos muy poca influencia sobre las políticas de prevención a todos los niveles, de modo que nuestros riesgos siguen siendo muy poco visibles. Cuando una mujer tiene una lesión, los problemas de salud se atribuyen a características femeninas ­reales o ficticias­ o a circunstancias personales extralaborales: fregar y planchar en casa, cuidar a los niños, la menopausia, o la edad.

Resultados
¿Qué hemos conseguido hasta ahora? Estamos sentando las bases para la prevención y hay experiencias positivas, pero es difícil cambiar las cosas. En empresas donde tenemos una razonable relación de fuerzas, negociamos tiempo para reuniones y formación. También, si no es muy caro, las empresas están dispuestas a mejorar el diseño del puesto para evitar posturas forzadas, porque lo presentamos como un error en el diseño que se puede solucionar.

Lo realmente difícil es incidir en la organización del trabajo los ritmos intensos y la falta de descansos. Hasta las empresas con muchas bajas por este motivo se niegan a modificar su organización del trabajo. Parece que les molesta ver a los trabajadores con un tiempo un poco más holgado o con unos breves descansos durante el turno. Es una actitud que se puede combatir, señalando los problemas de salud que provocan los ritmos y recordando la obligación legal de organizar el trabajo de forma que no dañe la salud. Hay que tener persistencia. A menudo actúan a la vez muchos factores de riesgo, y no existen milagros para solucionar todo de forma inmediata. Pero cualquier mejora, por modesta que sea, vale la pena porque tendrá un impacto positivo en la salud y nos confirmará que cambiar es posible.

Fiona Murie
Departamento Confederal de Salud Laboral de CC.OO.