Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

Bajo un sol de justicia. Los efectos del calor y el riesgo de cáncer por la radiación ultravioleta

Jue, 15/07/1999 - 12:19

Condiciones de trabajo

No todo el mundo está de vacaciones en verano. Ni todos los bronceados se deben a sesiones de inmovilidad ociosa en la playa. Hay mucha gente que trabaja todo el verano o buena parte de él expuesto al sol. Forestales, trabajadores del campo, de la construcción u obras públicas, de hostelería, empleados en empresas turísticas o de ocio, etc., están expuestos por causa de su trabajo a sufrir los rigores del verano: el intenso calor y la radiación solar.

¡Qué calor!

La exposición constante a las temperaturas estivales puede provocar una sensación de aturdimiento o fatiga física que da lugar a síntomas como cefaleas, mareos, vómitos e, incluso, deshidratación por la pérdida de agua y sales minerales debido a la sudoración.

El organismo se defiende del exceso de calor mediante la dilatación de los vasos sanguíneos y la sudoración en un intento de ceder calor desde la piel al aire exterior. Si estos mecanismos no son suficientes y la exposición térmica persiste, la temperatura del cuerpo se eleva, llega hasta los 40'5 ºC, cesa la sudoración y se produce el golpe de calor que exige un tratamiento de urgencia.

Si el trabajo exige esfuerzo físico el riesgo es mayor pues no hay que olvidar que el trabajo muscular genera más calor que viene a sumarse a la temperatura exterior.

Para prevenir los efectos del calor en trabajos a la intemperie se deben establecer una serie de medidas paliativas como suministrar agua fresca y abundante o bebidas isotónicas; programar los trabajos más pesados durante las horas de menor insolación; usar prendas de protección de la cabeza; establecer periodos de descanso en lugares a la sombra para reducir el calor metabólico y el tiempo de exposición. También es importante la realización de reconocimientos médicos periodicos, excluyendo de la exposición a quienes presenten cuadros de hipertensión, enfermedades cardiovasculares y pulmonares y trabajadoras embarazadas.

Bronceados peligrosos

Aunque la radiación solar tiene efectos beneficiosos sobre el organismo, como la producción de vitamina D, el exceso de radiación conlleva efectos perjudiciales para los ojos, como queratitis y conjuntivitis, o quemaduras en la piel. A dosis muy elevadas pueden producirse incluso cataratas.

El problema son los rayos ultravioletas y las personas que trabajan al aire libre pueden recibir más radiación de la que su salud es capaz de soportar. El exceso de radiación ultravioleta ocasiona efectos agudos, como ampollas y quemaduras o enrojecimiento de la piel, y efectos crónicos, como el envejecimiento prematuro de la piel y el incremento de la probabilidad de desarrollar varios tipos de cánceres de piel.

El más grave entre ellos es el melanoma, un cáncer que en España se encuentra entre los 15 primeros en frecuencia y mortalidad (cada año se diagnostican unos 40.000 nuevos casos) y cuya incidencia se ha multiplicado por tres en los países desarrollados en los últimos 15 años. 'Además de los factores genético y hereditario, que no son modificables', explica el jefe de oncología del hospital La Paz de Madrid, 'el factor de riesgo más importante es el sol'. Las personas de piel, ojos y cabellos claros tienen más riesgo, así como las que han sufrido más de dos quemaduras solares con ampollas antes de los 18 años y las que tienen antecedentes familiares de afecciones producidas por el sol.

¿Qué se puede hacer para evitar estos daños? Las medidas de protección más eficaces son bastante elementales y se pueden reducir a tres:

1) Reducir el tiempo de exposición (evitar las horas de mayor insolación o programar pausas de descanso en lugares a la sombra).

2) No exponer la piel al sol (utilizar ropa de trabajo traspirable y no apretada ­pantalón largo y camisas de manga larga, gorra o sombrero­ y no quitarse la camiseta especialmente en las horas del mediodía).

3) Utilizar crema solar con factor de protección igual o superior a quince.

También es fundamental el diagnóstico precoz del melanoma, ya que permite la curación total en prácticamente todos los casos: cuando un lunar o una mancha cambian de color, tamaño y superficie, o si pican o sangran, hay que consultar cuanto antes con un médico. En la mayoría de los casos estos síntomas no significan nada, pero en algunos pueden ser las primeras manifestaciones de una enfermedad más seria.

En los reconocimientos médicos regulares a trabajadores al aire libre se debería prestar una atención especial al exámen de piel así como al posible contacto con productos químicos (colorantes, conservantes de la madera, brea y productos de acabado) o con algunas plantas que aumentan la sensibilidad de la piel a la radiación solar.

Hay que cambiar la mentalidad y convencerse de que el bronceado no es signo de buena salud. Esto en la vida privada se puede solucionar modificando voluntariamente los hábitos. En el trabajo, hay que plantearlo como un problema más de riesgo laboral y, por tanto, exigir prevención.