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Y después del accidente laboral, ¿qué?

Lun, 15/04/2013 - 12:20
CRISTINA FLÓREZ
Acción sindical

Lo que nos parece un éxito de la acción sindical, conseguir que se reconozca como accidente laboral la lesión de una violinista, lo que de verdad pone sobre la mesa es la insuficiente protección de la salud laboral de estos trabajadores que hipotecan sus vidas personales para desarrollar una actividad y ven cómo su futuro laboral se trunca por una lesión que tiene, sin lugar a dudas, un origen profesional.

La interpretación musical es una actividad en la que se llevan a cabo ciclos de trabajo largos con movimientos repetitivos, rápidos y precisos, habitualmente realizados en posturas forzadas y que requieren el empleo de una gran fuerza manual. Estos movimientos generan microtraumatismos repetitivos sobre los músculos y tendones, que frecuentemente desencadenan lesiones musculoesqueléticas. De hecho, según refieren distintos estudios científicos sobre la salud laboral en el sector musical realizados en Estados Unidos, Canadá y Australia, aproximadamente el 60% de las personas que se dedican profesionalmente a la música sufre lesiones musculoesqueléticas que podrían acabar con sus carreras durante la edad activa. Entre las lesiones, la mayor parte de ellas afecta a los músculos y tendones que controlan los movimientos flexores y extensores de las muñecas y dedos. Este es el caso de una violinista asturiana que prefiere permanecer en el anonimato y que trabaja como profesora de este instrumento en un centro de enseñanza. María acude al sindicato con el diagnóstico de su médico de la Seguridad Social: padece una tendinopatía crónica, una lesión que consiste en un síndrome clínico en el que aparecen dolor, hinchazón e incapacidad funcional, derivados del uso excesivo de los tendones lesionados. Tras conocer la situación, le informamos del posible origen laboral de su patología y le solicitamos que nos proporcionara la documentación preventiva de su puesto de trabajo. Trabajamos en colaboración con la Federación de Enseñanza y, tras consultar la documentación técnica de entidades de reconocido prestigio (OIT, INSHT, etc.) y la jurisprudencia en la materia, se tramita un cambio de contingencia, y se le reconoce como accidente de trabajo la tendinopatía sufrida. Pero esto es claramente insuficiente y el sistema deja sin protección la salud de trabajadores como ella.

Su relato es estremecedor y el final de la historia es que la salud ha de ser puesta en un segundo plano porque la Administración sigue sin reconocer explícitamente un buen número de patologías como enfermedades profesionales: “En agosto de este año he pedido el alta voluntaria –explica María– para no acabar de derrumbarme. El trato que recibo en la mutua es incalificable: los médicos que me ven-atienden, parecen, en un primer momento, interesados, todos sin excepción zarandean mi dedo en esa primera consulta. Otros incluso en las siguientes o todas. Y después del ‘meneíto’, sin cuidado alguno, escuchar siempre lo mismo: ‘ah, bueno, pero si lo doblas’, ‘yo no veo nada’, ‘parece que está bien’. Y tu cara, la primera vez, se queda pálida porque piensas, ¿por qué se creerá este o esta que vengo aquí?, ¿porque me aburro? Luego, tu cara reacciona a tal cosa de diversas maneras: cara de no dar crédito, llorar como una loca, cara de incrédula, cara de enfado, cara de pasotismo total. Nadie realmente termina por entender la importancia de ese movimiento en concreto para mi trabajo”.

La trabajadora relata que si no pedía el alta, cabía la posibilidad de que en la mutua, dada las formas de sus facultativos, le dieran el alta tarde o temprano y se quedara sin cobrar al no tener baja ni trabajo, algo a lo que no puede hacer frente. “Todos me han dicho –explica María– que tocar, tocar como antes, cuatro, tres, dos horas al día me olvide. Pude trabajar este año, porque tengo media jornada y diez horas lectivas. En todas toco con ellos o para ellos. Y cada día que voy, mi dedo se resiente. No puedo estudiar la técnica necesaria para aprobar una oposición. No tengo nada que hacer si tuviera que presentarme a una oposición en un futuro inmediato”.

* Cristina Flórez es técnica del departamento de Salud Laboral de CCOO de Asturias.