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Se identifican las causas del trágico incendio de Burgos

El incendió que costó la vida a 10 obreros sentará a la empresa en el banquillo
Sáb, 15/10/2005 - 12:20
MARIANO SANZ LUBEIRO
Acción sindical

Un juzgado burgalés está a punto de concluir la instrucción de la causa iniciada a raíz del trágico accidente laboral acaecido el pasado 13 de Enero. Diez trabajadores de la construcción murieron en Burgos a causa del siniestro y otros dos han quedado con severas secuelas de por vida. La tragedia golpeó con dureza a la sociedad burgalesa, buena parte de la cual supuso en un principio que no habría juicio. Que la poderosa constructora Arranz Acinas lograría resolverlo todo con pactos e indemnizaciones. Pero no ha sido así y la empresa se sentará en el banquillo de los acusados por lo acaecido aquel infausto día de enero.

gritoHacia las ocho y media de aquella fría mañana, se produjo una deflagración en los bajos de un edificio de viviendas de la calle del Sauce de Burgos. Este local era utilizado como almacén y vestuario por empleados de la importante constructora local Arranz Acinas, ocupados en la ejecución del carril bici del populoso barrio de Gamonal. Se trataba de un local diáfano de unos 150 metros, en el fondo se habían clavado en la pared unas tablas con puntas, a modo de perchero, que junto a unos bancos de tablones habilitaba el lugar como vestuario. Junto a ello se almacenaba un equipo electrógeno, algunas bombonas de butano, garrafas de gasolina, un pequeño dumper, algunos botes de pintura...

Los compañeros de Comisiones Obreras de Burgos fueron informados inmediatamente del suceso. Treinta minutos después estaban en la calle Sauce, cuando aún se estaba procediendo a sacar del local los cuerpos de los trabajadores. Cinco de ellos habían sido trasladados al hospital y una fila de siete cadáveres se alineaba frente al bajo siniestrado. Tres trabajadores fallecieron en los días posteriores como consecuencia de las lesiones sufridas.

La investigación del accidente revela un cúmulo de fallos y despropósitos

El 20 de enero tuvimos la primera reunión para investigar las causas de tan trágico accidente. Como sospechábamos desde el principio, los papeles preventivos no reflejaban la realidad. La empresa tenía Estudio de Seguridad de la obra y había subcontratado el seguimiento de la seguridad con un Servicio de Prevención Ajeno. Sin embargo el local de la calle Sauce no aparecía como vestuario en el Estudio de Seguridad, y nadie parecía conocer su existencia, ni el Servicio de Prevención, ni el promotor, es decir, el Ayuntamiento. Otro elemento clave en la investigación, fue la espuma de poliuretano que recubría el techo del local y que generó un humo letal. El poliuretano se había proyectado sobre el techo para tratar de amortiguar el ruido, tras producirse quejas entre el vecindario. El índice de resistencia al fuego de este material sólo lo hacía válido para lugares aislados donde no hubiera personas.

La cadena de despropósitos no acaba ahí. La mayoría de los trabajadores no tenían formación preventiva y sólo se pudieron presentar dos documentos firmados por sendos trabajadores donde se aludía a formación básica, que sin embargo no estaban adecuadamente acreditados. Ninguno de ellos tenia formación contra incendios y en el local no apareció ni un sólo extintor. Miembros del cuerpo de bomberos reconocieron que con un simple golpe de extintor se habría conseguido apagar el fuego.

Otro factor determinante fue la ubicación del lugar utilizado para cambiarse de ropa, el fondo del local. El accidente se produjo cuando un operario procedía a rellenar de combustible el grupo electrógeno y el fuego se inició cerca de la única puerta de acceso, que sólo se abría hacia adentro. Solamente un operario logró alcanzar la calle, el resto huyó hacia el fondo metiéndose en una trampa mortal a causa del humo. Con una buena formación, los trabajadores probablemente se habrían tirado al suelo y hubieran podido salir a rastras, salvando así la vida.

Al alcanzar las llamas el recipiente de gasolina, éste empezó a deformarse y a calentarse hasta que se produjo una deflagración, como un cañón de fuego, que se proyectó sobre el techo de poliuretano, éste no ardió pero se descompuso emitiendo un denso humo negro de efecto letal inmediato.

Pendientes del fallo judicial

La Inspección de Trabajo ha acabado por poner las cosas en su sitio, con un acta de infracción con la calificación de muy grave y propuesta de multa de 660.000 €. Comisiones Obreras, en la medida de sus posibilidades, ha atendido las necesidades de las victimas y sus familiares, representándoles, junto con UGT, en las causas penales derivadas del hecho y en las que estaremos hasta sus últimas consecuencias. En los días posteriores, técnicos de CCOO de Castilla y León visitaron 145 vestuarios de obras, comprobando que en el 22% de ellas se acumulaban materias inflamables en los vestuarios y en el 72% no había extintores a mano, en previsión de los posibles incendios.

La indignación de víctimas y familias ha ido en aumento, sobre todo a raíz de las alegaciones al acta de infracción que hizo la empresa en las que, en un intento desesperado de rebajar la calificación de accidente, arremetió contra todo, volcando la responsabilidad en los trabajadores. Arranz Acinas ha impugnado también como peritos del caso a la Inspectora de Trabajo que realizó el informe y al Jefe de la Unidad de Seguridad e Higiene de Burgos, pero el juez ha desestimado el recurso de la constructora. Ésta ha aceptado la sanción de un recargo del 50% sobre las pensiones de las familias de los trabajadores. Todo lo demás pende de un juicio.

Esperemos que la justicia defienda la memoria de Rodrigo (20 años), Ángel (44), Benjamín S. (52)Alejandro (37), Rubén (42), Benjamín T.(49) José Luis (46) Manuel (32) José Luis T. (42) y Etmavet (34), víctimas de aquel trágico 13 de enero en Burgos.

MARIANO SANZ LUBEIRO, es Secretario de Salud Laboral de la Unión Sindical de CCOO de Castilla y León.