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La sordera inducida de una banda musical

Sáb, 15/04/2006 - 12:19
PEX
Acción sindical

 

Nada peor para un músico que quedar sordo, aunque sea Beethoven en la gloria de su vida. Algo parecido, pero más tortuoso en sus detalles de asombro, ha ocurrido con la Banda Municipal de Palma de Mallorca. Ensayaba en un local sin condiciones, que ya en el 2000 arrastraba 20 años de “provisionalidad”. Las malas condiciones de trabajo afectaron a los umbrales auditivos de los músicos. Algunos apaños soslayaron los problemas mayores, se redujo el horario de ensayos para atenuar la exposición a las descargas de decibelios, pero no se hicieron las reformas necesarias en el local. Un poco más, y se cancelan los ensayos para que los músicos dejaran de hacer ruido.

Así las cosas, un grupo de músicos se dirigió a CCOO para adoptar medidas. ¿La urgencia? Algunos de ellos perdían audición, cosa grave para su salud inmediata y para su futuro profesional. Se resolvió elevar mediante tarimas las secciones de percusión y de metal, lo que favorecía la sonoridad y conseguía que la proyección acústica no fuera directa al oído de los músicos. Pero el Ayuntamiento carecía de partida presupuestaria, pese a que los compañeros de CCOO sugirieron que podía utilizarse la de salud laboral.

Pasó el tiempo, hasta que se pone en marcha un calvario de oscuras resonancias kafkianas. De ahí no salió ninguna sinfonía imperecedera, pero sí más de una cantada. El delegado de la Banda, Antonio Criado Ripoll, de CCOO, junto a sus compañeros Pedro Castro Oliver y Martín Capó Tous, denuncian el caso, lo que al primero de los firmantes le vale el reproche de otros músicos en términos tan poco amables como “quién te has creído que eres, el Ayuntamiento deshará la Banda, nos quedaremos todos sin trabajo, nos pondrán en una mesa y dejaremos de tocar”. Hubo amenazas veladas. Incluso le exigieron que “retirara la denuncia, ya que no era nadie y representaba a una minoría interesada”.

¿Interesada en qué? En solucionar los problemas de la Banda.“Lo hacía todo por la Banda, y también por mi salud, porque tenía comprobado que ni mi salud ni la Banda funcionaban, y que si ellos no querían defender sus derechos, que me dejaran defender los míos y los de todos nosotros”, afirma por su parte el denunciante. Lo peor, añade, “es que yo pensaba que todoséramos amigos, y por esta decisión me dejaron de lado, es terrible el vacío que me hicieron”.

Se consigue la reunión con la Inspección de Trabajo y en ella los denunciantes se enteran de que no sólo no se abordaban los problemas relacionados con el ruido, sino tampoco otro tipo de riesgos, incluido el de utilizar como espacio de trabajo un local carente de las mínimas condiciones para desarrollar cualquier actividad laboral, sin ni tan siquiera un plan de emergencias. El director de la Banda expresa en público que la denuncia había hecho mucho daño y que se iba a congelar el presupuesto destinado a instrumentos para atender a los gastos de la reforma, acusando de todas las desgracias a CCOO.

De momento, a los músicos les proveyeron de unos tapones como de piscina, a fin, seguramente, de que algunos
de ellos no escuchen los invectivas que otros les dirigen.

Se han introducido otras mejoras más serias, siempre con la advertencia de que si algo salía mal será culpa de CCOO: tarimas y pantallas protectoras, plan de salud laboral, salida de emergencia y otras medidas saludables. Lo más positivo es que estos músicos al borde de la sordera han asistido a más encuentros y charlas sobre prevención en los dos últimos años que en toda la dilatada historia de la Banda.

Nadie es Beethoven hasta que se le permite intentarlo. Pero mejor si antes no se le convierte en sordo municipal.