Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

Depresión por los codos

n extraño diagnóstico enmascara los problemas de un trabajo inadecuado
Sáb, 15/04/2006 - 12:19
MARÍA QUEVEDO
Acción sindical

Ramona Agüero Cossio, de 52 años, es planchadora en un taller de confección industrial. Fue dada de baja en julio de 2005 por enfermedad profesional con diagnóstico de epicondilitis, puesta en tratamiento rehabilitador y dada de alta tres meses más tarde. La trabajadora continúa con dolores importantes, por lo que acude de nuevo al Servicio Médico de la Mutua, donde, tras practicarle distintas pruebas, le dicen que “no se preocupe, que es normal, porque podría estar somatizando su estado depresivo por el codo” (sic).

Ante tan sorprendente diagnóstico, la trabajadora consultó con su psiquiatra quien le respondió que le dijera a su médico que “nunca se somatiza una depresión por el codo”.

El taller donde trabaja Ramona es un Centro Especial de Empleo para personas con discapacidad. Fue su psiquiatra quien le recomendó y facilitó que se incorporara a la empresa, tras un historial de depresiones recurrentes de diez años. El Centro está ubicado en Torrelavega y pertenece al grupo AMICA que da empleo en Cantabria a unas 400 personas.

Ramona cuenta con una antigüedad en la empresa de nueve años. Desde hace cuatro, trabaja a media jornada en el taller de corte y confección industrial, dedicada a labores de plancha, que ejerce durante cuatro horas, más una hora que dedica a control de calidad (revisión de prendas, corte de hilos, etc.). Viene sintiendo dolores y molestias en el codo desde hace dos años. Tras el alta de la Mutua, se vio obligada a coger vacaciones para ver si en ese período mejoraba su lesión. Cuando se reincorporó, solicitó un cambio de puesto de trabajo en la empresa, que le denegaron. Al continuar el dolor en el codo que le impedía planchar, se le tuvo que dar la baja por recaída de accidente de trabajo.

Ella estaba convencida de que su problema residía en que todas las planchas del taller eran antiquísimas y había que hacer grandes esfuerzos para usarlas. La empresa conocía la situación, a través de la encargada del taller, del jefe de producción y del jefe de personal, a quienes se les había comunicado en muchas ocasiones. Desde hace un año, además, el Comité de Salud y Seguridad había dejado constancia por escrito del asunto. La única solución que
ofrecía la empresa era la reparación de las planchas, que continuamente se llevaban a mantenimiento y que también continuamente volvían a averiarse.

A iniciativa del Gabinete de Salud Laboral de CCOO, y de acuerdo con la trabajadora, se dirigió un escrito a la empresa con carácter de urgencia, donde reflejamos la necesidad de una inversión en mejora técnica para evitar bajas por lesiones musculoesqueléticas. El escrito tuvo su efecto, y cuando Ramona se incorporó a su puesto de trabajo, en noviembre de 2005, la empresa había comprado tres planchas industriales de último diseño.

Ahora Ramona está encantada, ya que la mejor terapia para solucionar sus depresiones es estar en activo pero, eso sí, garantizando siempre que el trabajo se desarrolle en las mejores condiciones de seguridad y salud.

MARÍA QUEVEDO, trabaja en el Gabinete de Salud Laboral de CC.OO. de Cantabria