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Otra inspección es posible

Sáb, 15/07/2006 - 12:19

Dossier: 100 años de inspección de trabajo

Otra inspección es posible. Prácticas innovadoras en la actuación de la Inspección de Trabajo


pEx
Demasiadas empresas a controlar para el escaso número de inspectores disponibles. Este es uno de los principales desafíos con que se enfrenta la Inspección de Trabajo en todos los países, pero a la vez parece ser el principal elemento de motivación a la hora de innovar e implantar buenas prácticas en el ámbito de las políticas públicas de vigilancia y control. Tres ejemplos en tres continentes diferentes dan buena prueba de ello.

Filipinas: inspectores aconsejan y apoyan a las PYMEs

El Ministerio de Trabajo de Filipinas viene desarrollando desde 1994 una política de apoyo a la pequeña y mediana empresa en materia de salud y seguridad, basada en el programa WISE (Work Improvement in Small Enterprises), que ha transformado profundamente las pautas de actuación de la Inspección de Trabajo. Se han modificado radicalmente tanto la cultura como las formas de intervención de la Inspección que han ido evolucionando desde la función tradicional de verificación y el control reglamentarios hacia una orientación global dirigida al consejo y la promoción de la mejora de las condiciones de trabajo en la empresa.

El programa WISE es una propuesta formativa innovadora, inspirada en una metodología elaborada por la OIT, que busca mejorar a un tiempo la productividad y las condiciones de trabajo en las PYMEs, mediante la aplicación, de forma cooperativa entre los empresarios participantes, de técnicas de resolución de problemas.

La acción formativa se inicia con una visita de asistencia y consejo denominada TAV (Technical Assistance Visit), en la que los empresarios participantes, con la ayuda del inspector de trabajo, revisan su situación en materia de salud y seguridad y tratan de diseñar un plan de acción que tenga en cuenta los problemas de productividad de la empresa. Este tipo de visitas se está aplicando actualmente al 40% de las empresas en las que interviene la inspección de trabajo y, a partir de aquí, la empresa se inscribe en un programa de formación y ayuda para facilitar la gestión de las propuestas de cambio.

Aunque el programa WISE funciona según el principio de participación voluntaria, casi el 50% de los inspectores se han implicado. El programa ha obligado a replantearse los criterios de evaluación cuantitativa de la actividad de los inspectores, dado que las intervenciones de consejo y apoyo requieren una mayor dedicación en tiempo y esfuerzo que las simples visitas de control de prescripciones legales.

El programa ha permitido crear una amplia red de agentes de intervención, además de 246 formadores. Se han realizado actividades de sensibilización a 1.400 responsables de empresas de los que 720 han participado en un curso completo de formación. Un 70% de estas empresas participantes han desarrollado acciones de mejora de las condiciones de trabajo y se han elaborado consejos de asistencia tras las visitas regulares de inspección en más de 5.000 empresas.

Una evaluación realizada en 1996 sobre una muestra de empresas participantes constató mejoras en la capacidad de producción en un 23,1% y en calidad del producto en un 2%, además de una tasa media de reducción del absentismo del 4,7%.

EE.UU.: la inspección se incorpora al diálogo social

La Inspección de Trabajo norteamericana (OSHA) se enfrenta al reto de garantizar las condiciones de salud y seguridad en más de 7.000.000 de puestos de trabajo contando solamente con 1.200 inspectores.

Un programa patrocinado por la OSHA y denominado OSPP (OSHA Strategic Partnership Program) trata de superar los métodos tradicionales basados en el control de obligaciones empresariales, promoviendo acuerdos de colaboración entre la Inspección de Trabajo y las empresas para trabajar de forma cooperativa por la mejora de la salud y seguridad. Este novedoso planteamiento parece estar dando buenos resultados ya que consigue reducir las muertes, lesiones y enfermedades en el trabajo.

Los inspectores de OSHA, los empresarios y los trabajadores, identifican conjuntamente los problemas y a partir de ahí tratan de llegar a acuerdos de acción mediante la elaboración de estrategias con objetivos definidos y criterios de evaluación de resultados. Los acuerdos pueden ser de ámbito nacional, regional o local, y en ellos pueden participar las organizaciones sindicales y patronales, así como las autoridades municipales o las compañías aseguradoras. Suelen durar unos 3 años lo cual representa la programación de un esfuerzo continuado en el tiempo con la implicación de empresarios y trabajadores. Desde la creación del programa
en 1998, OSHA ha promovido un total de 388 acuerdos que afectan a 13.000 empresas y 800.000 trabajadores.

Este es el comentario del director de una empresa constructora que participa en el programa: “Nuestra relación con OSHA nunca había sido mejor. Ellos nos respetan por los altos estándares que incluimos en el acuerdo. Cuando OSHA viene a nuestros lugares de trabajo, no nos paramos en pequeñeces. Ellos reconocen los esfuerzos que estamos haciendo y nosotros sabemos que ellos también tienen un trabajo importante que hacer. Somos socios, no adversarios”.

Tal vez lo más destacado del programa OSPP es su flexibilidad que permite trabajar juntos y construir acuerdos entre la inspección y los agentes sociales en orden a encontrar las formas más eficientes de mejorar la salud y seguridad según las necesidades concretas de los participantes.

Sus promotores afirman que “los acuerdos resultantes maximizan la utilización de recursos no-OSHA para cumplimentar tareas como formación de trabajadores y desarrollo de sistemas de gestión de la salud y seguridad adaptados a cada realidad concreta”.

Países nórdicos: modular el control según el compromiso empresarial

Política de “palo y zanahoria”. Así se refieren en los países nórdicos a una nueva organización de las tareas de inspección consistente en adecuar la intensidad de la vigilancia y control al grado de implicación de las empresas en la política interna de salud y seguridad.

Los inspectores de trabajo, mediante una especie de auditoria general, clasifican a las empresas en cuatro grupos y a partir de dicha clasificación se les aplican protocolos de inspección diferentes.

Pertenecen al primer grupo las empresas que tienen medios suficientes y los aplican eficazmente por lo que no necesitan en principio ningún tipo de control específico. Al segundo grupo, formado por empresas con voluntad de alcanzar un buen nivel de salud y seguridad pero sin medios suficientes, se les aplica un protocolo de asesoramiento y apoyo. En tercer lugar, están las empresas que no tienen la voluntad ni los medios y en cuarto lugar las que disponen de medios pero carecen de voluntad. A estos dos últimos grupos se les aplican controles continuados y a fondo, que comportan un riesgo de sanción financiera que viene a ser el doble de lo que le costaría a la empresa la puesta en práctica de un sistema eficaz de autocontrol.

Cuando la visita de inspección muestra un sistema deficiente de gestión de la prevención, el inspector formula una lista de observaciones y realiza un requerimiento formal de corrección a la empresa, acordando con ella un plazo de ejecución no superior a los seis meses. El mantenimiento de actitudes refractarias por las empresas conlleva el fin de la flexibilidad por parte de la inspección y la vuelta a los modos de control clásicos aplicados de forma estricta y con el máximo rigor. Esta forma de funcionamiento requiere adaptar la formación de los inspectores y modificar la estructura interna de la inspección para poder desarrollar las nuevas pautas de vigilancia y control, pero aumenta la eficiencia de la acción inspectora.

 

Un estudio experimental ha demostrado el efecto positivo de la actuación de la Inspección de Trabajo en ergonomía. El experimento, realizado en Suecia y en el que han participado 15 inspectores voluntarios, consistía en evaluar, 18 meses después de detectarse una lesión osteomuscular de origen laboral, las condiciones ergonómicas de trabajo en un grupo de 81 casos, en los que había intervenido la Inspección, y compararlas con las de un grupo control en el que no se había producido ninguna actuación administrativa.

Los inspectores participantes, 12 hombres y 3 mujeres, recibieron previamente una formación ergonómica específica y en su intervención, realizaron un total de 25 notificaciones a las empresas (inspection notice). Dicha notificación no es una decisión formal vinculante, pero se considera un toque de atención mediante el cual el inspector indica por escrito al empresario las deficiencias que debe corregir en un plazo de tres meses, siendo requerido para que notifique a la Autoridad Laboral las acciones emprendidas y la forma en que está cumpliendo las estipulaciones prescritas.

En los casos en los que la inspection notice se refería a puestos de trabajo ocupados por compañeros de los lesionados, la probabilidad de mejora ergonómica fue casi 6 veces mayor que en el grupo control, con lo que se constata que la intervención activa de la inspección tiene una influencia evidente en la implementación de medidas ergonómicas de prevención primaria, es decir, antes de la producción de daños.

Por otra parte, el estudio demostró que las mejoras en las condiciones de trabajo en los puestos de trabajo ocupados por los trabajadores lesionados se asociaban a la calidad informativa de las notificaciones, de tal modo que aquellas que contenían una descripción detallada del accidente, producían un mayor efecto en los empresarios. Según esto, la comprensión por parte del empresario de los mecanismos que conducen a la producción de lesiones sería un prerrequisito para una prevención efectiva.

La investigación ha constituido la tesis doctoral de Kristina Kemmlert, del Instituto Nacional de Salud Laboral de Suecia.