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Michael Roberts: "Al igual que no pudieron proteger a la gente de la pandemia, los gobiernos serán incapaces de hacer frente a la inflación actual"

El economista marxista será el encargado de abrir el IV Congreso de Trabajo, Economía y Sociedad que la Fundación 1 de Mayo celebrará los días 30 de noviembre y 1 de diciembre
Dom, 20/11/2022 - 18:59
Laura Villadiego
Entrevista

Economista marxista Michael Roberts y IV Congreso de Trabajo, Economía y Sociedad

 

El economista marxista Michael Roberts confiesa que durante más de cuatro décadas trabajó en las "entrañas de la bestia". Antiguo economista en algunas de las principales entidades financieras globales en la City Londinense, Roberts se ha convertido en un analista de referencia que, bajo una perspectiva marxista, ha explicado las principales crisis capitalistas de los últimos años. A punto de publicar su nuevo libro 'Capitalismo del Siglo XXI - a través del prisma del valor', que saldrá a la venta en diciembre, Roberts será el encargado de abrir la cuarta edición del Congreso de Trabajo, Economía y Sociedad, que la Fundación 1º de Mayo celebrará los próximos 30 de noviembre y 1 de diciembre en Madrid (más información e inscripciones). En su ponencia, Roberts hablará sobre cómo el movimiento sindical debe responder a la crisis económica actual, a la subida de precios y al incremento de las desigualdades, entre otros. Hablamos con él sobre ese contexto en el que centrará su charla. 

En su libro La larga depresión (2016), explicaba que estábamos en medio de una larga depresión y que nos dirigíamos a una recesión en los próximos años. ¿Son la alta inflación, la guerra en Ucrania, la caída de las criptos y los primeros despidos masivos, entre otros, los primeros signos de esa recesión?

En el libro argumento que las principales economías capitalistas se encontraban en una larga depresión tras la gran recesión de 2008/9. Con Larga Depresión quiero decir un periodo en el que las economías tenían un crecimiento muy bajo en producción real, inversión deficiente y productividad a tasas muy inferiores a las tendencias anteriores a la gran recesión. Esto fue porque la rentabilidad promedio del capital invertido por las empresas se mantuvo baja, reduciendo los incentivos para invertir de forma productiva. En su lugar, bancos y empresas buscaron especular en activos financieros, acciones y bonos utilizando crédito barato y de coste cercano a cero impulsado por los bancos centrales. El desempleo se mantuvo oficialmente bajo a medida que la inversión improductiva en finanzas, propiedad y servicios de ayuda básica aumentó. Los capitalistas optaron por utilizar mano de obra barata en lugar de invertir en nueva tecnología para aumentar la productividad. 

Pero la baja rentabilidad hizo cada vez más difícil mantener el crecimiento de la producción capitalistas y para 2019 se volvió evidente que las principales economías estaban volviendo a una nueva caída en la producción, la inversión y el empleo. Entonces, la Covid 19 golpeó a las principales economías. Esta pandemia también fue producto del desarrollo capitalista descontrolado que destruyó el medio ambiente, pero la naturaleza devolvió el golpe. Las instituciones capitalistas no estaban preparadas y ya conocemos las terribles consecuencias.

La recuperación desde el fin de la pandemia ha sido como una subida de azúcar al cerebro después de que las economías se abrieron nuevamente. La gente comenzó a gastar los ahorros no utilizados y las empresas volvieron a funcionar. Pero la productividad era aún débil y la pandemia había dejado bloqueos persistentes en las cadenas de suministro internacionales. La oferta no era capaz de satisfacer la demanda. Por ello hemos visto una explosión en los precios de los bienes y servicios, en particular en la energía y los alimentos. Y el conflicto en Ucrania ha reducido aún más los recursos energéticos y los alimentos. 

Al igual que no pudieron proteger a la gente de la pandemia, los gobiernos son incapaces de hacer frente a la inflación actual. El alza de las tasas de interés y el retorno a las medidas de austeridad fiscal sólo garantizarán una nueva recesión. Esa recesión ya está prácticamente aquí, porque la rentabilidad del capital no se ha recuperado y permanece cerca de mínimos totales. 

Esto puede sorprender cuando leemos sobre las grandes ganancias que están obteniendo las empresas de tecnología y mediáticas y también las de energía. Pero si dejamos estos sectores de lado, el resto del mundo corporativo está teniendo muy malos resultados. De hecho, alrededor del 20% de las empresas en Europa y América no obtienen beneficios suficientes para cubrir los costes de intereses de la deuda. Estas son las llamadas empresas zombie, las muertas vivientes. No han quebrado, pero no crecen. 

La deuda empresarial está en su máximo histórico y el coste de los préstamos y de la amortización de la deuda, que había sido muy bajo hasta ahora, está incrementándose rápidamente. Las ganancias están disminuyendo por el aumento de las tasas de interés, de los precios de las materias primas y por los esfuerzos de los trabajadores para aumentar sus salarios con el objetivo de compensar una inflación que está en su máximo de los últimos 40 años. 

Como resultado, los mercados de valores del mundo han caído considerablemente en 2022 y las formas más exóticas de tonterías especulativas, como las criptomonedas, han sido expuestas como caprichosos fraudes: es algo que sucede siempre en las recesiones capitalistas. Todos los datos económicos disponibles ahora muestran que las principales economías entrarán en una nueva caída en 2023; Europa y Japón están cerca, el Reino Unido también, y Estados Unidos les seguirá. Esto también derribará a las grandes economías emergentes. 

El capitalismo ha sido capaz de sobrevivir a otras crisis. ¿Qué cree que pasará esta vez?

Marx dijo una vez que no hay crisis permanente para el capitalismo. Siempre se puede salir de la crisis si el movimiento obrero lo permite. De hecho, la principal razón de los desplomes en la producción capitalista es limpiar la ‘madera muerta’. Las empresas zombi a las que mencioné antes podrían permitirse quebrar, los trabajadores improductivos podrían ser despedidos (las grandes compañías tecnológicas están ahora recortando sus plantillas drásticamente) y las empresas más fuertes que han sobrevivido a la caída pueden ganar cuota de mercado y elevar el nivel de rentabilidad para un nuevo periodo de auge. Ese es el curso habitual del ciclo de desplome y prosperidad. 

Por supuesto, tal caída significará que millones de personas se queden sin trabajo y una bajada adicional en los estándares de vida junto a reducciones en los servicios públicos y de bienestar. ¿Llamarán los líderes del movimiento obrero a la gente para que se opongan a esto o permitirán que suceda? Si es lo último, entonces el capitalismo avanzará.  

Pero es cierto que es cada vez más difícil que el capitalismo se recupere efectivamente. Eso explica el giro hacia soluciones de derecha más extrema y de rivalidad interimperialista. Como dijo Marx, los capitalistas son como hermanos en el trato con la clase obrera, pero son hermanos hostiles cuando tratan los unos con los otros. 

Usted dice que los principales economistas no fueron capaces de predecir la crisis económica de 2008 y que tampoco han sido capaces de explicarla después. ¿Cuáles fueron las principales razones? ¿Son esas las mismas razones que están conduciendo a la crisis actual? 

En mi libro La Larga Depresión, esbozo las razones del fracaso de la economía mayoritaria para ver venir la crisis de 2008. Cuando la recientemente fallecida Reina de Inglaterra fue a visitar la London School of Economics durante la crisis financiera y preguntó a los expertos allí reunidos que por qué no habían sido capaces de predecirlo, no hubo respuesta. Cuando Eugene Fama, ganador del Premio Nobel, fue preguntado por la razón que estaba causando el desplome económico, respondió que la economía no está aquí para explicar eso y que, de todas maneras, es algo que no se podía explicar. 

La razón principal es que la economía dominante no acepta que el capitalismo es inestable de forma inherente con periodos de prosperidad y caída regulares debido a la contradicciones propias del sistema de producción capitalista. Para la corriente mayoritaria, las caídas son choques fortuitos en un sistema armonioso en equilibrio; estos choques son como asteroides que caen desde el cielo y no se pueden predecir. Y la explicación mayoritaria es la codicia imprudente de los financieros o malas decisiones políticas, o simplemente casualidad. 

Esto, por supuesto, no tiene sentido. Y las razones de los desplomes regulares y recurrentes han sido bien explicadas por Marx durante más de 160 años; esto es por la contradicción entre producir para obtener beneficio y producir para satisfacer las necesidades de las personas. El capitalismo no puede ofrecer ambas durante mucho tiempo y enseguida muta para asegurar lo primero a expensas de lo segundo. 

La razón principal de la gran recesión fue la caída de la rentabilidad que condujo a una caída de las ganancias. La inversión se derrumbó y toda esa inversión especulativa en mercados inmobiliarios y financieros fue expuesta como ficticia. Es decir, sin base alguna en valores reales. Hubo un ‘crash’ financiero de grandes proporciones y las economías cayeron como un castillo de naipes. 

La caída de la rentabilidad es la causa subyacente clave de las depresiones, pero siempre hay diferentes desencadenantes para una depresión. En el caso del 2008/9 fue un exceso de inversión inmobiliaria especulativa y financiera. Esta vez es mucho más probable que sea una deuda comercial excesiva que no pueda ser pagada. La clave de todo esto está en lo que suceda con los beneficios. 

 En su próximo libro, 'El Capitalismo del Siglo XXI - a través del prisma del valor', usted explica los principales problemas de nuestro mundo moderno a través de la ley del valor de Marx. ¿Cuál es su tesis sobre la situación actual de los mercados laborales?

Los mercados laborales parecen estar ajustados. Con esto quiero decir que las tasas de desempleo son muy bajas en la mayoría de las economías avanzadas. Esto se ha producido porque los empleadores han recurrido a mano de obra barata en lugar de invertir en nueva tecnología. Como resultado, la productividad del trabajo es bajo y, por lo tanto, los costes unitarios de producción están aumentando y se están comenzando a reducir las ganancias a pesar de que algunas empresas pueden subir los precios en este entorno inflacionario. Los aumentos salariales no se están adaptando a la inflación y en la mayoría de los países los salarios reales, es decir, después de la inflación, están disminuyendo al ritmo más rápido y profundo prácticamente del último siglo. 

Muchos trabajadores tienen ahor dos trabajos para llegar a fin de mes porque ambos pagan muy poco en comparación con los precios y otros costes de vida. Y los precios de la energía subirán este invierno. El índice de miseria (tasa de desempleo más tasa de inflación) se encuentra en su máximo desde la década de 1980.

¿Y sobre la emergencia climática?

El cambio climático y el calentamiento global es una de las principales amenazas para la humanidad en el siglo XXI, junto con el crecimiento de la desigualdad y la pobreza, las recesiones económicas más profundas y el incremento de conflictos geo-políticos. 

La COP27 acaba de terminar de nuevo con pocos avances sobre los planes para cumplir los objetivos de reducción de emisiones de CO2; muchos menos avances ha habido en las fechas para conseguir emisiones netas cero. Las temperaturas globales siguen aumentando y no hay posibilidad de que se detengan en el supuesto límite objetivo de 1,5C por encima de los niveles preindustriales a nivel global. Esto significa aún más desastres ‘naturales’: inundaciones, incendios y sequías para millones de personas en las zonas más pobres del mundo donde las emisiones son irónicamente las más bajas. El apoyo financiero para el sur global por parte de los gobiernos y empresas del norte global es lamentablemente inadecuado. 

La mitigación climática y parar o revertir el calentamiento global sólo puede lograrse tomando el control de las empresas de combustibles fósiles y eliminando su producción como parte de un plan global para la inversión en tecnologías de captura de carbono y renovables. Pero eso supone acabar con el dominio de las empresas energéticas y de los bancos que las respaldan y tener una coordinación global a través de los gobiernos para la inversión pública en el medio ambiente. No hay posibilidad de eso con los gobiernos actuales. El desastre medioambiental ya está aquí.