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A trabajar con fiebre y con muletas

Lun, 15/04/2013 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

Una gripe de siete días viene a costarle a un funcionario mileurista unos 95 euros y a su homólogo en el sector privado unos 133 euros. Con estas cifras son muy pocos los trabajadores y trabajadoras que este invierno se han curado la gripe en su casa. En los centros de trabajo la pandemia ha campado a sus anchas y el derecho a la salud empieza a ser papel mojado con estas y con otras patologías de mayor gravedad.

El caso lo expone Vicent Soler, coordinador de CCOO-FSC en el sector público de la Generalitat valenciana: "Te cuento la situación de un trabajador de una residencia de menores de la Generalitat valenciana que cobra unos mil euros al mes y que este invierno ha cogido un gripazo de esos que dura siete días. ¿Por qué ha ido a trabajar dopado hasta las orejas para bajarse la fiebre? Pues sencillamente porque con los recortes practicados en el sector público esta gripe, que antes no tenía ninguna incidencia en su salario, ahora le cuesta del orden de 95 euros. Y en muchas, muchísimas casas, hoy se va al límite y no te puedes permitir un descuento de ese tipo en la nómina de un mes".

En el sector público, los recortes de derechos han venido vía decreto pero han supuesto, al fin y al cabo, el mismo incremento del presentismo "ir a trabajar estando enfermo" que en la empresa privada se ha conseguido vía la amenaza de despido objetivo por ausencia justificada al trabajo. “Si este trabajador "añade Vicent Soler", en lugar de ser funcionario hubiera sido personal laboral, la gripe de siete días le hubiera costado unos 133 euros, porque todo el salario de los tres primeros días de baja lo pierde, mientras que en la Administración en estos momentos el descuento para los funcionarios por baja los tres primeros días es del 50%".

Lo que Vicent Soler expone tiene consecuencias no solo en la pérdida de derechos del trabajador enfermo, sino que afecta a los usuarios que reciben su atención "en este caso menores en riesgo de exclusión" y también a sus compañeros de trabajo: "Este año por primera vez se han oído quejas en los centros de trabajo por la presencia de trabajadores enfermos con gripe. La gente no quiere señalar a nadie y se solidariza con el compañero enfermo, pero llegan quejas de personas que acaban contagiados de la gripe porque no hay manera de aislar los virus si se va a trabajar enfermo". Soler se pregunta igualmente por el gasto farmacéutico: "¿Qué nos cuesta a todos el gasto farmacéutico necesario para acudir al trabajo dopado? Al final, atentando contra la salud de los trabajadores, la Administración acaba gastando más dinero".

Acudir al trabajo enfermo incrementa la exposición a otros riesgos. Como explica Soler, un trabajador con gripe en una residencia de menores o de ancianos es un trabajador especialmente vulnerable: "Nosotros trabajamos con personas que muchas veces llegan con infecciones. Estamos expuestos a un riesgo biológico que por supuesto nadie evalúa ni reconoce. Si vamos a trabajar enfermos, con las defensas bajas, el riesgo de contagio que corremos respecto a otras enfermedades que aportan los usuarios es mucho mayor".

Los riesgos de sufrir un accidente de camino al trabajo o durante la jornada también son mayores cuando se acude enfermo. Ya hay voces que advierten que en breve observaremos un incremento de la siniestralidad laboral. “Puede que se deba a que en estos momentos en el sector docente se estén comunicando accidentes laborales que antes no se comunicaban, pero ya hay responsables del Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo que observan un incremento en el registro de bajas por accidente en los centros escolares", quien así se explica es Mª Ángeles Gea, responsable de salud laboral de la Federación de Enseñanza de CCOO-País Valenciano. "

En el sector de la enseñanza "explica Mª Ángeles Gea" estamos viendo a trabajadores acudir enfermos a los centros de forma sistemática, y no solo se sienten presionados por los descuentos salariales, sino también por la nefasta política de la Administración en la sustitución de las bajas. En la Comunidad Valenciana, la Administración no sustituye las bajas que no superen los 10 días, pero la realidad es que hacen una gestión burocrática muy deficiente con el objetivo de ahorrarse dinero, y lo normal es que pase un mes hasta que un maestro es sustituido. Los trabajadores saben que la ausencia de uno perjudica a todos y acuden al trabajo cuando no deberían hacerlo".

Hay algunos supuestos, como las intervenciones quirúrgicas o los ingresos hospitalarios, cuyas bajas están exentas de descuento, pero la Administración hace todo lo posible para que sea el trabajador quien pague su enfermedad: "La Consellería de Educación de la Generalitat valenciana, desde que se publicó el decreto, descuenta a todo el mundo y luego, si el trabajador reclama, se lo devuelve. Es muy probable que muchos trabajadores que no están sindicados no estén reclamando", explica Mª Ángeles Gea.

Si no se curan las gripes con reposo, menos los trastornos musculoesqueléticos o inflamatorios. Santiago es trabajador en una universidad y lleva varios días acudiendo al trabajo con muletas: “Yo tengo una enfermedad crónica y periódicamente tengo brotes inflamatorios severos en distintas articulaciones. Ahora tengo mucho dolor en las rodillas y no puedo apoyar la planta del pie. Si la cosa va a más me cogeré la baja, pero trato de retrasarla todo lo que puedo porque no quiero acumular días de ausencia porque no sé lo que va a pasar. Quizás este brote sería más controlable si me quedara en casa, pero en la actual situación no sé si me lo puedo permitir. El médico duda de si es una inflamación o una rotura de menisco. Me han de hacer una resonancia. Y seguramente tardará un mes. Lo digo porque los recortes en sanidad también están provocando un alargamiento de las bajas, y las consecuencias negativas de ese alargamiento las paga el trabajador”.

¿Y por qué no te coges una baja?

Esa es la pregunta que le ha realizado la médico del servicio de prevención a Paloma, una enfermera de 57 años que padece una osteoporosis senil, varias hernias discales y desde hace unas semanas un fuerte dolor en el talón izquierdo. “Hemos trabajado mucho en hospitales –señala Paloma, que ahora presta su servicios en un centro médico de atención primaria de Valencia– y con esta edad ya estamos muy cascados porque hemos levantado muchos pesos muertos y estado muchas horas de pie”. Su realidad económica no le permite cogerse una baja, así que la respuesta a la médico ha sido esa: “Pues no me la cojo porque con los descuentos no llegaría a final de mes. Ahora te pones enferma y te dejan el sueldo temblando”.

Para Paloma, lo más duro es salir a atender a los usuarios a su domicilio porque ha de subir escaleras, levantar piernas de enfermos que no se pueden mover, etc. El servicio de prevención le ha solicitado un listado de tareas para hacer un informe de qué puede hacer ella, pero Paloma no tiene muchas esperanzas porque la dirección del centro no se implica en la organización del trabajo y no se asegura que la carga del trabajo más pesado se reparta justamente.

Si esto pasa en el sector público, mucho peor es la situación en el sector privado, donde los trabajadores temen ser despedidos por estar enfermos. “El miedo es libre”, explica Antonio, un delegado sindical en una empresa de Sevilla dedicada a la logística: “En mi empresa todavía no se han producido despidos, pero la gente ya actúa como si hubiera pasado porque tienen miedo y no se pueden permitir que una gripe de siete días les cueste el 15% del salario del mes”.