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Recomendaciones para prevenir los riesgos laborales en el hogar

Existen toda una serie de actividades preventivas de obligado cumplimiento para las personas empleadora
Mié, 31/07/2019 - 13:08
MONTSERRAT LÓPEZ BERMÚDEZ
Dossier

Conseguir condiciones de trabajo seguras en el hogar es posible pero la desinformación, tanto de las trabajadoras, como de las personas empleadoras, es muy significativa por no decir total. En este artículo repasamos los principales riesgos y proponemos algunas medidas preventivas. La participación de las trabajadoras en la identificación de riesgos y en la búsqueda de soluciones es crucial. Existen toda una serie de actividades preventivas de obligado cumplimiento para las personas empleadoras que en muchas ocasiones desconocen su obligación de actuar en este campo.

trabajadoras del hogar riesgo químico

El Real Decreto 1620/2011, de 14 de noviembre, por el que se regula la relación laboral de carácter especial del servicio del hogar familiar obliga a la persona que contrata a ofrecer a la empleada del hogar las debidas condiciones de seguridad y salud, y establece su obligación de “adoptar medidas eficaces, teniendo debidamente en cuenta las características específicas del trabajo doméstico”. Existe una obligación legal que hay que respetar en materia de prevención de riesgos a la que muchas personas que contratan este servicio no prestan atención. No atender a esta obligación supone un riesgo para la salud de la trabajadora, pero también un riesgo para la persona empleadora que puede verse enfrentada a una responsabilidad legal si la trabajadora se accidenta o enferma.

Riesgo químico en el hogar

En las tareas de limpieza se utilizan de forma habitual productos químicos como detergentes, abrasivos, desinfectantes, abrillantadores, desatascadores, desincrustantes y desengrasantes. En el uso de estos productos se busca rapidez y eficacia, sin tener en cuenta su composición y por tanto los riesgos. La exposición a productos químicos puede darse a través del contacto con la piel o la inhalación de gases: productos como la lejía, salfumán, limpiadores antical y similares, son productos irritantes y corrosivos que pueden ocasionar lesiones de diversa gravedad en piel y ojos, dermatitis, alergias y eczemas. Productos como los citados y otros como el amoniaco, productos desengrasantes y desincrustantes emanan gases durante su uso, produciendo irritaciones de ojos, nariz y garganta. Lo más peligroso son las mezclas de productos de las que se pueden derivar graves intoxicaciones. Además, la forma de uso puede ser un riesgo; por ejemplo, existen anticales que son más peligrosos pulverizados que si se utilizan de forma líquida. También supone un riesgo mayor de exposición el trasvase de productos a otros envases; por ejemplo, si compramos productos en envases de gran capacidad que no son cómodos para su uso diario y rellenamos botellas más pequeñas, podemos entrar en contacto con el producto en la maniobra de trasvase o accidentalmente ingerir el producto ante el desconocimiento del contenido del recipiente.

La prevención más eficaz la conseguiremos con la sustitución de productos peligrosos por otros más naturales y ecológicos, además de ser mucho más económicos. Existen alternativas “no químicas” para la limpieza del hogar. En un folleto realizado con la financiación de la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales difundimos algunas de ellas. Es fundamental leer atentamente las etiquetas de los productos para conocer su composición evitando los más peligrosos. Además, la etiqueta nos informa sobre la necesidad de un tipo determinado de equipo de protección, como guantes y mascarillas que deberán facilitarse a la trabajadora. ISTAS-CCOO dispone de una base de datos, RISCTOX, donde es posible conocer los riesgos y los efectos que tienen para la salud y el medio ambiente más de 100.000 sustancias. Introduciendo el nombre de la sustancia que aparece en la etiqueta se accede a toda esta información.

Seguridad y equipos

En el trabajo en el hogar se utilizan múltiples herramientas y equipos, de forma rápida y a veces repetida, muchas veces sin información o consciencia de sus peligros.  La cantidad excesiva de tareas, pueden suponer la exposición a condiciones de trabajo inseguras: herramientas y equipos como aspiradoras, pequeños electrodomésticos utilizados en la cocina, en la limpieza o en el planchado con deficiencias en instalaciones (defectos de aislamiento, mal estado de los cables y tomas de corriente) pueden producir contactos eléctricos. Los utensilios de cocina con filos punzantes y cortantes pueden producir cortes y pinchazos, rozaduras, desgarros; superficies calientes como hornos, cocinas, ollas, etc., pueden producir quemaduras. También hay que prestar atención a los equipos que no estén adaptados a las características de las trabajadoras, por ejemplo algo tan normal como el palo de la fregona (muy corto), pueden producir la adopción de posturas inadecuadas, o el peso excesivo de una aspiradora. El uso de escaleras inadecuadas para la actividad a realizar o su mal estado pueden producir caídas. La no facilitación de equipos de protección o su uso en mal estado (como pueden ser por ejemplo unos guantes gastados) puede producir el contacto con productos químicos peligrosos. Para evitar condiciones inseguras relacionadas con las herramientas, utensilios y equipos, la persona empleadora debe procurar que éstos estén en buen estado de conservación y mantenimiento en cuanto al cableado y sustituirlo cuando no se encuentre en buen uso. Al mismo tiempo tener en cuenta que deben ser lo más cómodos posible en su uso y que se adapten a las características de la persona que los vaya a utilizar. Son muy útiles los palos ajustables (telescópicos) para cepillos, fregonas, etc., o en su caso que su altura permitan ser cogidos manteniendo las manos entre el nivel del pecho y de la cadera. También es importante que las tablas de planchar sean ajustables en altura. El peso de la plancha debe ser mínimo. Otra medida preventiva son los cubos dotados de prensas accionadas mediante palanca (mecanismos automáticos) que faciliten el escurrido de las fregonas y rellenarlos como máximo con 5 litros. Un principio general a la hora de seleccionar los utensilios es tener en cuenta el uso y la persona a la hora de comprarlos.

El hogar como lugar del trabajo

La limpieza de cristales, paredes, superficies elevadas, etc., implica frecuentemente trabajar en altura, estando presente el riesgo de caídas. Cuando hay que acceder a zonas que no están muy altas, pero a las que no llegamos, se suelen utilizar medios inapropiados como taburetes o sillas siendo una causa bastante habitual de accidentes por caída. Claro está que a cuanta más altura las consecuencias serán más graves, golpes, fracturas, etc. La propia naturaleza de la actividad puede ser causa de caídas y golpes, por ejemplo, al resbalarse en suelos mojados, al limpiar escaleras, tropezarse con muebles, objetos, pudiéndose producir desde contusiones hasta esguinces, roturas, etc. Al mismo tiempo estas tareas implican sobreesfuerzos, sobre todo del tronco y de los brazos, para intentar llegar a limpiar zonas elevadas o difícilmente accesibles, adoptamos posturas inadecuadas que pueden producir sobreesfuerzos y trastornos musculoesqueléticos. También posturas mantenidas de pie durante mucho tiempo, como cuando se plancha la ropa, se sobrecargan los miembros inferiores.

Repetir tareas y movimientos al fregar, al barrer o quitar el polvo supone una sobrecarga física de hombros, codos y muñecas. Pueden producirse microtraumatismos que se van acumulando y al cabo del tiempo originan daño o dolor constante en articulaciones, músculos, tendones o nervios, pudiendo ocasionar enfermedades. El empuje, arrastre y levantamiento de pesos como cubos de agua, aspiradora, bolsas de basura, etc., supone un esfuerzo físico que afecta a la espalda, pudiendo producir lumbagos y hernias discales. Esto puede darse si se manipulan cargas pesadas que superan la capacidad física de la persona, pero también si se manipulan cargas de menor peso pero con mayor frecuencia. Debemos instaurar una organización del trabajo que permita facilitar la alternancia entre tareas en las que se empleen grupos musculares distintos, permitiendo la recuperación de los utilizados en la tarea anterior. Por ejemplo, barrer y fregar suponen una sobrecarga similar para la zona del codo, además de comportar un movimiento del mismo tipo, por lo que sería mejor no realizarlas de forma continuada.

El trabajo con personas

La atención y cuidados de personas mayores, enfermas, niños y niñas, suele ser una de las actividades contratadas, especialmente con las trabajadoras internas. En el aseo, la administración de comidas y medicamentos, las actividades de entretenimiento, la vigilia nocturna, las trabajadoras están expuestas a riesgos importantes: la posibilidad de contraer enfermedades infecciosas y contagiosas, cuando se atiende y cuida a una persona con estas enfermedades, a través del contacto con la sangre, vómitos, orina, heces o esputo. Cuando existe el riesgo de contraer enfermedades infecciosas los guantes, las mascarillas, la ropa de trabajo son elementos barrera que la persona empleadora debe facilitar a la trabajadora del hogar, así como facilitarle información cuando sea necesario sobre la vacunación, así como de los hábitos higiénicos necesarios.

Cuando se atiende a personas discapacitadas con movilidad reducida que necesitan cambios posturales y ayuda para actividades básicas la posibilidad de padecer trastornos muscoloesqueléticos en espalda, brazos y piernas es muy alta. .  El cuidado de niños y niñas que todavía no caminan y necesitan una atención mayor por su edad y condición puede hacer que la trabajadora tenga que cargarlos , arrodillarse o ponerse a su altura en cuclillas, afectando la espalda, brazos y piernas. Para manipular personas de movilidad reducida existen múltiples equipos de ayuda que van desde las grúas móviles hasta sábanas “transfer” que pueden ser una gran ayuda para evitar lesiones; el disco giratorio, facilitando la transferencia de pacientes parcialmente colaboradores de cama a silla. Estas medidas en el origen son las más eficaces.

Por otro lado, el cuidado de personas conlleva un fuerte componente emocional y muchas veces las trabajadoras son víctimas de actitudes despóticas por parte de las mismas personas enfermas. Estas situaciones generan ansiedad, agotamiento y depresión, apatía, dificultades para, acordarse de las cosas, problemas para dormir, problemas digestivos, tensión, dolor de cabeza, etc. Un agravante de todo esto que afecta a la dignidad de las trabajadoras son las condiciones laborales irregulares: la ausencia de contrato, o el contrato por un número inferior de las horas reales de trabajo, percibir un salario inferior al estipulado, las largas jornadas de trabajo y la falta de descansos. La exposición riesgos psicosociales es importante, la inexistencia de participación en la organización y el control y la supervisión constante del trabajo realizado. La violencia, además de expresarse en violencia física, o sexual, se manifiesta también en no comer lo mismo que la familia, no contar con agua caliente para ducharse, recibir insultos y groserías, comportamientos racistas y falsas acusaciones para librarse los empleadores o las empleadoras de sus responsabilidades.

Actuar sobre las exigencias emocionales que se derivan de la atención a personas no es fácil, pero sí podemos adoptar medidas que mejoren las condiciones de trabajo; ejemplos de buenas prácticas son una mayor comunicación y participación de las trabajadoras, permitirles participar en aspectos como la forma de realizar el trabajo, el orden de las tareas, los tiempos de descanso, etc. Dar instrucciones claras y precisas y dotarla de seguridad en el empleo. El trato justo debe darse de forma unilateral, así como el respeto a los horarios reglamentados: 12 horas como mínimo de descanso entre jornadas. En el caso de las internas pueden ser solo 10, pero las dos restantes deben disfrutarse como descanso en periodos de hasta cuatro semanas. La jornada semanal máxima de 40 horas que fija la ley debe ir acompañada de un descanso semanal de 36 horas continuadas.

Comunicación, respeto, participación y reconocimiento son las mejores medidas para mejorar estas condiciones de trabajo