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Necesito trabajar hasta llegar a la jubilación pero mi cuerpo ya no aguanta más

Sáb, 15/07/2017 - 12:19
BERTA CHULVI
Dossier

El envejecimiento de la población Europea ha tenido como respuesta gubernamental la ampliación de la edad de jubilación, pero mantenerse en un puesto de trabajo más allá de los 55 años es muy complicado en muchos grupos ocupacionales. De ahí que se haya reabierto el debate sobre los coeficientes reductores, sencillamente, porque es impensable seguir activo en ciertas ocupaciones después de los sesenta años.

Las expectativas de poder mantenerse en el mismo puesto de trabajo más allá de los cincuenta son muy diferentes para los distintos grupos ocupacionales. Según la V Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo, más de la mitad de los trabajadores manuales y con menos cualificación no se ven capaces de desarrollar el mismo trabajo que desarrollan en la actualidad a los 60 años.

Oriol tiene 56 años. Llevaba trabajando más de 15 años en una empresa de obra pública de Barcelona, pero ahora lo han despedido: muchas de las obras de los túneles de la ciudad condal han pasado por sus manos. En 2015 le diagnosticaron una patología respiratoria vinculada a la inhalación de humos de metales. El jefe de personal de su empresa le ha despedido porque dice que así no puede trabajar y que no disponen de ningún otro puesto para él: "Yo soy una persona enferma y en esta empresa ya no me quieren" explica Oriol con la voz entrecortada. Oriol tiene claro que a su empresa no va a volver: "El abogado del sindicato me ha dicho que el tema es difícil. Vamos a pelearlo, porque deberían buscarme otro puesto de trabajo, pero no tengo muchas esperanzas.

Pedro trabaja en una planta de reciclaje de residuos en Vizcaya. Tiene 52 años y acaba de entrar en esta empresa. Empezó a trabajar a los 14 años en la construcción, es oficial de segunda, pero con la crisis se quedó en la calle y está muy contento de por haber encontrado un trabajo a los 52 aunque no está seguro de poder aguantar mucho tiempo en este puesto: su trabajo es seleccionar el cobre y hace poco ha estado un mes de baja por un problema en el hombro: "A mediados de agosto tengo que volver a la mutua para que me vean. No me encuentro bien, pero no tengo más remedio que venir porque con el 75% del sueldo no llego a fin de mes". Le preguntamos si la mutua le ha dado el alta y dice que le ha dicho que es apto con restricciones. "Lo que peor llevo son los días de frío. Levantar peso cuando hace frío es el doble de penoso que un día de calor", concluye.

A Juan lo despidieron el año pasado, diez días antes de cumplir los 57 años y tras una vida de trabajo en el sector de la obra pública ya no ha vuelto a encontrar empleo en su sector. Por suerte tenía todos los carnets de conducir que hacían falta para reciclarse en el sector de transporte de mercancías y ahora conduce un tráiler por Europa cargado de ladrillos: "Nos tratan como esclavos y si protestas a la calle". Ha tenido ya varios ataques de ciática y tiene un hormigueo constante en las piernas: "no me puedo jubilar porque de mis tres hijos solo uno, la chica, tiene trabajo". El sentimiento que el trabajador describe es de impotencia: "Cuando era joven montamos una sección sindical en la empresa y luchamos para defender nuestros derechos, pero yo ahora ya no tengo fuerzas para nada. Lo único que hago es soñar con la jubilación y me muero solo de pensar que me quedan todavía diez años".

Carlos entre los 20 y los 49 años fue bombero forestal y tiene a gala haber intervenido en uno de los incendios más graves de la Sierra Calderona, muy próxima a la ciudad de Valencia. Cuando recuerda su trabajo en el monte se nota que disfrutaba muchísimo a pesar de los riesgos: "mi vida era el monte, pero me machaqué las rodillas de correr y los hombros de cargar con la mochila de gasoil para la motosierra. Al final me lo tuve que dejar". Ahora tiene 52 años y está desesperado porque ha ido alternando trabajos, pero no consigue estabilizar empleo: "he trabajado como repartidor de butano, pero tampoco podía cargar con las botellas y me lo tuve que dejar. Lo siguiente fue recoger naranja y ahora tengo unos dolores de espalda tremendos. Ahora que no tengo empleo ni dinero, tengo que ir a una clínica privada de quiromasaje para ver si consigo recuperar la espalda".

Las mujeres invisibles
Cuando pensamos en envejecimiento precoz derivado del trabajo, la mayoría de casos que nos vienen a la mente son de trabajadores varones. Sin embargo, hay un colectivo muy importante de mujeres mayores, invisibles, cuyo trabajo requiere un enorme esfuerzo físico: estamos hablando de cocineras, camareras de piso y trabajadoras a domicilio que levantan cargas habitualmente.

Adela tiene 54 años y es cocinera en un colegio privado de la provincia de Valencia. Cada día tiene más claro que ha de retirase porque le duelen las muñecas y los brazos "a rabiar": cazuelas, jarras, bandejas, pilas de platos son su pesadilla. Si nos ponemos a calcular el peso que levanta cada jornada en movimientos repetitivos nos acercamos a los 3.000 kilos. Entró a trabajar en este colegio bilingüe con apenas 30 años: "mi familia acababa de volver a España y la directiva del colegio valoró que yo hablaba francés y me cogieron. Entonces estaba muy contenta, pero ahora solo pienso en llegar a la edad de jubilación porque estoy reventada". El año pasado la operaron de un hombro: "Tenía roto un tendón y desgaste por levantamiento de peso. Todo relacionado con el trabajo que hago, pero ni la mutua ni la empresa han querido ver esa realidad. A Adela el médico le ha dicho que en breve tendrá problemas en el otro hombro, pero ella aguanta para ver hasta dónde es capaz de llegar. "Cuando reviente me iré a mi casa, pero ahora mi hijo y mi nuera están sin trabajo y no puedo dejarlo" explica Adela.

Carmen es camarera de piso en un hotel de Bilbao. Tiene 60 años y acaba de prejubilarse. "Me he prejubilado porque no podía seguir haciendo el mismo trabajo que hacía. Cada una de nosotras limpia 19 habitaciones y 19 baños cada día. Yo ya no puedo hacer ese esfuerzo físico: levantar las camas, limpiar los suelos muy deprisa, superdeprisa, cristales, espejos, etc. Mi cuerpo ya no lo aguantaba más. Esto es insostenible porque no hay ni una sola compañera de más de 50 años que no esté deseando llegar a los 60 para ver si puede jubilarse".

Rosa es compañera de Carmen, entraron prácticamente a la vez a trabajar en el hotel pero ella tiene tres años menos. Su versión coincide plenamente con la de Carmen: "para soportar los dolores que tengo en piernas y brazos cada noche me he de tomar un ibuprofeno. Mi médico me ha dicho que tome paracetamol, pero a mí no me hace el mismo efecto" afirma Rosa.