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Laura Arroyo: La desregulación del tiempo de trabajo afecta especialmente a la salud de las mujeres

Lun, 15/04/2013 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

La reforma laboral facilita la modificación sustancial de las condiciones de trabajo. La desregulación de los horarios y el aumento de la movilidad funcional están afectando especialmente a las mujeres que ven cómo se agrava el riesgo de doble presencia. Así lo explica en esta entrevista Laura Arroyo, directora del centro 8 de Marzo de la Fundación 1º de Mayo de CCOO.

Un año después de su aprobación, ¿cómo está afectando la reforma laboral a la salud de las mujeres?

Lo primero que hay que plantear es que las mujeres ya partíamos de una situación de desigualdad que es, en sí misma, un riesgo para nuestra salud. Una desigualdad que la crisis económica y la reforma laboral han venido a agravar. Por dar un dato: la tasa de actividad de la población en edad de trabajar masculina es del 80,84%, 11,91 puntos superior a la femenina (69,03%), y sobre esa situación actúa negativamente la reforma laboral. Porque podemos decir que la crisis económica, al menos en un primer momento, ha destruido empleos, más masculinos que femeninos, principalmente porque la destrucción de empleo ha sido más intensa en sectores masculinizados, pero también porque los que ocupamos las mujeres son más precarios. Una precariedad que se ve agravada con la reforma laboral vía la desregulación del tiempo de trabajo y de la movilidad funcional, el control arbitrario del mal llamado absentismo, etc. Y esa desregulación afecta principalmente a la salud de las mujeres, que se ven especialmente sometidas a la presión que se genera en una situación con las actuales tasas de paro.

¿Qué riesgos para la salud de las mujeres se han agravado con la reforma laboral?

Todos los riesgos específicos de las mujeres se han agravado con la reforma laboral y con la misma evolución de la crisis, que ha lanzado a muchas mujeres a buscar trabajo sea como sea para ayudar al sustento de la unidad familiar. Por ejemplo, la exposición al riesgo de doble presencia que pone a las mujeres en la estresante situación de no poder conciliar las obligaciones de sus vidas personales y familiares, aumentadas por la difícil situación económica, y las derivadas de su empleo, se ha incrementado con los cambios introducidos en la reforma. Por ejemplo, la regulación del tiempo parcial y la misma movilidad geográfica, que te puedan desplazar a otro lugar, tiene un efecto directo sobre las mujeres en particular en la medida en que son mayormente ellas quienes se ocupan de lo doméstico y del cuidado, como lo demuestra el dato de que sean mujeres el 95,3% de las personas que declara no buscar empleo por tener obligaciones familiares.

¿Cómo está afectando a las mujeres la desregulación de las horas extraordinarias?

Lo que nos encontramos es que en el contrato a tiempo parcial se ha suprimido el límite a las horas extraordinarias y sabemos que este tipo de contratación precaria afecta más a las mujeres, por lo que ellas están siendo víctimas preferentes de ese proceso. Además no están en situación de decir que no, por el miedo a perder su trabajo que hoy por hoy es mucho más fundado por el abaratamiento del despido. Trabajadoras que se encuentran con que ahora pueden ser llamadas en cualquier momento a trabajar, alargar sus jornadas o que pueden ser desplazadas y no tienen respaldo legal para oponerse. Es evidente que se está poniendo a las mujeres en situaciones de tanta presión que vamos a ver muy pronto los efectos en su salud física y mental.

En algún momento tú has hablado de “feminización” del mercado laboral como resultado de la reforma.

Sí, porque la reforma laboral ha provocado una sustitución del trabajo a tiempo completo por trabajo a tiempo parcial que está afectando a los dos sexos. La contratación a tiempo parcial y con contratos temporales es, en estos momentos, la única opción de contratación para una gran parte de la población. Y lo que paradójicamente nos encontramos es que podríamos llegar a una situación en la que hombres y mujeres estuviéramos en igualdad porque soportáramos esas condiciones de precariedad que hasta ahora solo padecían los grupos en situación de desigualdad, como las trabajadoras y la población inmigrante. Es así de lamentable. Y lo que estamos viendo en este retroceso es que las mujeres vuelven a trabajar sin contratos, en lugares privados, donde nadie les ve y donde desde luego es imposible controlar y tratar de prevenir los riesgos para su salud y su seguridad.