Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

El sol que atrae a los turistas machaca a los trabajadores

Dom, 15/07/2007 - 12:19
BERTA CHULVI
Dossier

Ocho horas a pleno sol, sin ningún tipo de protección frente a las radiaciones solares y con descansos ridículos. Esta es la situación de muchos trabajadores y trabajadoras entre los meses de junio y octubre. La legislación española es muy clara: las condiciones ambientales de los lugares de trabajo no deben suponer un riesgo para la salud de los trabajadores, sin embargo, la tónica general es que las empresas no asumen que el sol y el calor son una fuente de problemas para salud de las personas que trabajan a la intemperie y, al final, son los propios operarios los que han de tomar medidas para protegerse.

Patricia Escudero trabaja a pleno sol en el aparcamiento del Parque de Atracciones "Terra Mítica" en Benidorm. "Tengo sólo 15 minutos para tomar el bocadillo, así que no me da tiempo a acercarme al área de descanso" explica. Llevan años luchando para que la empresa construya un área de descanso para los trabajadores en el parking. Los puestos de trabajo en las atracciones conllevan, además de trabajar a pleno sol, un nivel de estrés contínuo. El estrés habitual en un parque de atracciones puede llegar a parecer un martirio: este es el caso del acomodador de los pasajeros en la atracción que lleva por título "los Rápidos de Argos", uno de los artilugios con los que el parque ofrece emoción a los visitantes: en este montaje el operario trabaja sobre una plataforma redonda en continuo movimiento y se ve obligado a caminar todo el tiempo porque si no choca contra una pared. Los turnos son de 8 horas con dos descansos y en pleno verano la jornada se reduce a 6 horas. La única protección que tiene frente al calor es una gorra y una crema solar. Lo máximo que los trabajadores han conseguido es que en las atracciones se instalen toldos o sombrillas y que la empresa les proporcione cremas de protección solar.

Carlos Guanter, que trabaja para una empresa de conservación y mantenimiento de carreteras, no tiene ni siquiera esa suerte: las cremas solares se las paga él, como la gran mayoría de los trabajadores consultados. Carlos y sus compañeros, además del calor de los rayos solares han de soportar el que se desprende del asfalto, y el único producto que les proporciona la empresa es un spray para picaduras y una crema para quemaduras por accidente. Las altas temperaturas se ven potenciadas por las vestimentas de alta reflectancia que están obligados a llevar estos trabajadores para ser más visibles al tráfico rodado. La empresa parece estar más preocupada por su propia imagen que por la salud de los trabajadores: "un compañero se trajo una sombrilla de playa y se la hicieron retirar con el argumento de que daba mala impresión a los usuarios de la vía", explica Carlos. Él y sus compañeros han solicitado modificar la jornada en verano para evitar trabajar a mediodía, pero esta demanda no ha sido considerada por la empresa, así que a pleno sol seguirán trabajando este verano, de lunes a jueves de 7:30 a 16:30 horas y los viernes hasta las 13:30.

Rubén Orts, soldador en una empresa de estructuras metálicas, tiene en común con Carlos que ambos se han de costear el agua que beben durante la jornada laboral, algo que lejo  de ser un lujo es la medida preventiva que les sirve para evitar una lipotimia por calor. Rubén entiende que el agua debería ir a cargo de la empresa, pero la compañía en la que trabaja se ha negado a pagar los tickets procedentes de la compra del líquido elemento. Sin embargo, el Real Decreto 486/1997 de 14 de abril sobre lugares de trabajo, además de indicar con claridad (art.7) que "la exposición a las condiciones ambientales de los lugares de trabajo no debe suponer un riesgo para la seguridad y la salud de los trabajadores", expresa la obligación (anexo V) de disponer, en los lugares de trabajo, "de agua potable en cantidad suficiente y fácilmente accesible".

En una situación similar se encuentra Paco Salido, operario de mantenimiento de las vías de tren. Ya en junio Paco sopor- ta temperaturas muy altas cuando realiza una reparación en la vía del tren porque las piedras que sujetan las estructuras de traviesas y raíles son de balasto y reflectan el calor. Lo superan con cremas solares y gafas de sol que tampoco les paga la empresa. Según Paco, la medida más efectiva para evitar los efectos del calor es tratar de arreglar las averías a primera hora de la mañana. La empresa no dice nada si no se trata de una avería urgente. También la ropa que lleva Paco tiene que ser de alta visibilidad y no es lo fresca que debería ser. Además, las botas de seguridad son demasiado cerradas y hay que llevarlas con calcetín grueso.

Del problema de las botas, habla también Vicente Gandia, que trabaja en una empresa de limpieza urbana subcontratado por un ayuntamiento: "llevamos unas bota de plástico que son insoportables con el calor. Hemos reclamado un cambio de botas y unos vestuarios adecuados donde cada trabajador tenga su taquilla, pero nada. La empresa no sólo no hace caso sino que nos 'castiga' con turnos más complicados a quienes velamos desde los sindicatos por mejorar la salud laboral de los trabajadores".

También los agentes de tráfico, policías y vigilantes tienen que pasar largas jornadas al sol. Ana Sánchez trabaja en una empresa subcontratada por el Ayuntamiento de Valencia para gestionar el párking de la hora. Su jornada es de 8 horas y media de las cuales, a partir del mes de mayo, unas 7 horas y media son al sol. El único equipamiento de protección que la empresa facilita es la gorra y una crema solar. Ana tiene claro que si se mantienen estas temperaturas, las empresas cuyos trabajadores están todo el día a la intemperie se tendrán que plantear modificar los horarios o las jornadas de trabajo.

Creyeron que estaba borracho, lo abandonaron y se murió

En el sector de la construcción el calor puede ser dramático. Así lo fue para Manuel Punzano Sánchez, de 43 años, que el 11 de agosto de 2005 fue abandonado en un Parque de Pilar de la Horadada (Alicante) por el gerente de la empresa constructora para la que trabajaba con el pretexto de que estaba borracho. Manuel no estaba borracho sino que sufría un "golpe de calor" que le produjo un "fallo multiorgánico" y le acarreó la muerte. Así lo diagnosticaron los médicos del Hospital de los Arcos. Según el relato de sus compañeros de trabajo, Manuel, que llevaba 8 meses en paro y sólo dos días trabajando en la obra, empezó a encontrarse mal a media mañana, cuando trabajaba a considerable profundidad en las obras de cimentación de un edificio, a pleno sol y con poca ventilación. A eso de las 18 horas el gerente de la empresa "Construcción y Edificación Campo de la Horadada" abandonó a Manuel en un banco, a pleno sol, en la Plaza de la Iglesia de Pilar de la Horadada y se puso en contacto telefónico con sus familiares para decirles que Manuel estaba borracho. La mujer que regenta un kiosco en la plaza fue quien avisó a la policía local y ésta a una ambulancia, pero ya era demasiado tarde y Manuel falleció dos horas después. ¿Por qué el empresario no trasladó al obrero al Hospital que se encontraba a pocos minutos de allí? La mujer del fallecido considera que la razón puede estar en que sólo llevaba dos días trabajando y todavía no tenía contrato ni seguro. La familia del fallecido y la Federación de Construcción, Madera y Afines de CCOO del País Valencià denunciaron ante la Fiscalía de la Audiencia Provincial de Alicante los hechos y han acusan al empresario de un triple delito. En primer lugar imprudencia con resultado de muerte "porque el albañil sufrió una patología grave durante su jornada laboral y cuando se encontraba en su lugar de trabajo y no recibió ninguna asistencia. La empresa quiso evitar su responsabilidad porque el trabajador no tenía contrato y en vez de socorrerle, trató de quitárselo de en medio". En segundo lugar, la familia y CCOO demandan al empresario por incumplimiento de la Ley de Riesgos Laborales, ya que el albañil estaba expuesto a un riesgo potencial que no se evitó y, por último, se le imputa un delito de omisión del deber de socorro. Lo más trágico del caso es que si Manuel hubiera sido trasladado a un centro de salud con la rapidez y diligencia necesaria podría haber salvado la vida.