Digitalización: de qué estamos hablando

La digitalización engloba una serie de tecnologías que se consideran “disruptivas” por su capacidad de alterar el funcionamiento del tejido empresarial. Repasamos las principales y sus impactos tanto positivos como negativos en la salud laboral

CLAUDIA NAROCKI

La digitalización engloba una serie de tecnologías que se consideran “disruptivas” por su capacidad de alterar el funcionamiento del tejido empresarial. Cada momento ha tenido su propias tecnologías disruptivas: los primeros ordenadores, que comenzaron siendo equipos enormes, carísimos y singulares, llegaron a volverse comunes como ordenadores personales, portátiles, mini ordenadores, hasta los actuales teléfonos inteligentes. Surgen en el mercado nuevas empresas que integran tecnología de forma masiva (como Uber, Netflix o Amazon) y que gracias a ello se convierten en gigantes. 

Actualmente, se analiza la digitalización también como Tecnologías Habilitadoras Digitales (THD), con lo que se pretende hacer referencia a cómo el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha dado lugar a nuevas aplicaciones que se introducen en los más variados sectores. 

Por su impacto potencial en las condiciones de seguridad y salud, mencionemos en particular las siguientes:

  • robots “colaborativos e inteligentes” (cobots) / robótica industrial avanzada:
  • robótica de servicios, como los robots acompañantes o guías,
  • supercomputación
  • tecnologías para la recolección y tratamiento de datos masivos (“big data” o macrodatos)
  • sistemas de toma de decisiones basada en algoritmos e inteligencia artificial (IA) 
  • trabajo dirigido por plataformas en línea
  • accesorios “wearables” = dispositivos miniaturizados portables 
  • equipos de protección individual (EPI) inteligentes
  • computación difusa y en la nube
  • conectividad generalizada (derivada del crecimiento y la transformación de las redes y de los dispositivos móviles)
  • máquinas conectadas a internet/ el internet de las cosas / IoT (Internet of Things)
  • ciber-conexión de personas con máquinas
  • desarrollos de realidad virtual y realidad aumentada
  • vehículos autónomos o auto-conducidos
  • tecnologías de fabricación aditiva – impresión 3D y 4D 
  • aplicaciones biométricas y de identidad digital para la ciberseguridad

Al igual que las anteriores revoluciones industriales, la digitalización, la conectividad y la automatización tienen la capacidad de provocar cambios fundamentales en la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos, por lo que hay analistas que afirman que estamos viviendo una cuarta revolución industrial. En lo que sigue, analizaremos potenciales contribuciones y riesgos a la salud y seguridad.

Robots “tradicionales” vs. COBOTS y exoequeletos biónicos

Hasta hace poco, la salud y seguridad en relación con la robótica se ha gestionado segregando a trabajadores y robots. Un “cobot” o robot “colaborativo e inteligente”  es el robot diseñado para interactuar directamente con personas dentro de un espacio de trabajo colaborativo. 

Los cobots, al igual que los exoesqueletos biónicos, pueden ocasionar lesiones por contacto directo con los propios equipos. La interacción física con estos equipos móviles pueden resultar en atrapamiento, aplastamiento, corte, enganche por colisión entre el equipo y la persona dentro del espacio de trabajo compartido, además de ruido o vibraciones. Otros riesgos pueden derivarse de los equipos utilizados por estos robots, como láseres, electrodos de soldadura o equipos mecánicos. 

Los cobots se califican de inteligentes si tienen capacidad de aprender constantemente. Esa misma capacidad les puede llevar a comportarse de manera peligrosa, aunque se hagan todos los esfuerzos por tener previstos todos los posibles casos hipotéticos en su diseño. Para reducir posibles daños se usan cantos suaves y redondeados, se reduce la velocidad y la fuerza, y se les equipa con sensores y sistemas de visión (aunque también hay que prever que los sensores pueden fallar, sufrir interferencias eléctricas o ciberataques).

Para que la interacción estrecha entre máquinas y trabajadores sea positiva, los cobots tienen que ser diseñados con enfoque multidisciplinar, que tenga en cuenta, a la vez, los riesgos mecánicos, ergonómicos y psicosociales. Ya se ha observado el riesgo de trastornos musculoesqueléticos por imposición a las personas de ritmos de trabajo, etc. o los riesgos psicosociales derivados de la presencia continua del robot alrededor de la persona. 

Realidad virtual y realidad aumentada (RV y RA)

La realidad aumentada (RA) puede aplicarse en el trabajo para reducir la necesidad de consultar guías externas mientras se mantienen las manos ocupadas en una actividad de mantenimiento. Sin embargo, la fiabilidad de la RA depende de que se mantenga el acceso a fuentes de información pertinentes, de calidad y actualizada. Otros posibles riesgos pueden surgir de confiar en que el sistema advierta de los peligros, reduciendo la capacidad de detección de las personas, en caso de que fallen los sistemas. 

Respecto a los dispositivos de RV se apunta a que pueden causar en el usuario cinetosis o pérdida de conciencia de su entorno real, durante el uso e incluso durante un lapso de tiempo posterior. Se apunta al riesgo de distracciones, desorientación o sobrecarga de información que pueden provocar que no sea tan fácil apreciar información crítica para la salud y seguridad en el trabajo. 

Exposición a peligros físicos y sustancias peligrosas

La automatización, la robótica, las interfaces remotas, etc., abren la posibilidad de monitorizar la calidad del  ambiente de trabajo. Así se puede reducir las exposiciones peligrosas o retirar a los humanos de los entornos peligrosos – evitando las tareas sucias, tóxicas y peligrosas, la entrada en espacios confinados, los trabajos en altura, ruidos y vibraciones, o riesgos de maquinaria móvil. Por ejemplo, la vigilancia de la concentración ambiental de sustancias tóxicas, o de la exposición de los trabajadores, se puede hacer utilizando sensores inteligentes incorporados a dispositivos portables. Además, la realidad virtual puede aplicarse a la formación.

Por otra parte, la generalización de las nuevas tecnologías, por su abaratamiento, puede llevar nuevos riesgos asociados al entorno de las microempresas, que suelen carecer de recursos y capacidades adecuados para el manejo seguro de riesgos laborales, multiplicando el número de expuestos. En este sentido, se señalan los riesgos asociados a las impresoras 3D, que pueden emitir contaminantes (principalmente partículas, metales, y compuestos orgánicos volátiles) no visibles para usuarios no formados en PRL. 

Las posibilidades de personalización 

Las Tecnologías Habilitadoras Digitales (THD) con frecuencia pueden ser personalizadas por las personas que las usan, para hacerlas más manejables. Esto puede incrementar el riesgo cuando las usan otras personas: si una persona tiene que utilizar un dispositivo personalizado por otra y, por alguna razón, no vuelve a personalizarlo, esto puede acarrear estrés, esfuerzos ergonómicos e incluso errores. La cultura de la personalización también permite que los equipos de trabajo se utilicen para fines para los que no han sido diseñados. Otro aspecto importante es que la rápida reconfiguración de los procesos de trabajo en respuesta a las demandas y expectativas de personalización hace que el perfil de riesgo de un centro de trabajo pueda cambiar con frecuencia dificultando la estandarización de procedimientos, las evaluaciones de riesgos y otros aspectos de gestión de la prevención de riesgos laborales.

La coexistencia de lo antiguo y lo nuevo

Durante la transición de una tecnología antigua a la nueva, cuando ambas están en servicio, pueden incrementarse los riesgos para la SSL. La infraestructura diseñada para la tecnología antigua puede no ser adecuada para la nueva y, en consecuencia, podría introducir riesgos imprevistos para la SSL. Si los trabajadores tienen que interactuar de manera diferente con la tecnología antigua y con la nueva, podrían formarse ideas erróneas y peligrosas sobre cómo se comportará la tecnología. También existe el riesgo de confusión y de uso accidental de los procedimientos equivocados.

La generación de datos masivos, y su uso

En sentido positivo, se propone que la recogida masiva de datos y los algoritmos pueden contribuir a emitir alertas tempranas acerca de exposiciones nocivas, gracias al seguimiento en tiempo real de la presencia de contaminantes tóxicos, ruido, vibraciones, temperatura, etc. También se propone la monitorización de determinados indicadores biológicos con el objeto de monitorizar alteraciones de la salud, fatiga, estrés, etc. relevantes para determinados riesgos. 

Por otro lado, surgen dudas sobre la inocuidad de estos sistemas, tanto éticas como de carácter práctico, y por la falta de estrategias transparentes en la gestión de estos datos, muchas veces de carácter sensibles, de acuerdo a la LOPD. Caben temores derivados de la carencia de garantías acerca de la calidad de las decisiones y su inocuidad, el uso impropio de la información personal de SSL, el riesgo de fallos de funcionamiento (o de ciberseguridad), que darían lugar a la generación de datos o indicaciones incorrectos, podrían ser causa de lesiones o daños a la salud, etc. También surgen dudas éticas respecto a posibles usos centrados en el asesoramiento personalizado en tiempo real para alterar el comportamiento de las personas con el fin de proteger su seguridad y salud frente a una visión alternativa, orientadas a recoger y analizar información para detectar dónde son necesarias las intervenciones preventivas a escala organizativa.

Por último, y lo más actual, es el uso de las tecnologías de control digital, que recogen gran cantidad de datos personales, para propiciar una mayor supervisión en el trabajo, analizados a través de algoritmos que se mantienen opacos para las y los trabajadoras/es.

Riesgos psicosociales y organizativos

La aplicación de las tecnologías digitales propicia cambios en el ritmo de trabajo, cómo, dónde y cuándo se realiza; y cómo se gestionan y supervisan. En este sentido, se han identificado importantes efectos que trascienden la salud individual.

Por ejemplo, la ubicuidad de las TH-TIC portables y la economía de las plataformas de internet favorecen la “disponibilidad 24/7”, creando confusión de los límites entre la vida laboral y personal. 

La valoración del trabajo por algoritmos subyacentes, sin la debida transparencia, supone la toma de decisiones arbitrarias. 

El incremento de las posibilidades de seguimiento y control de los niveles de actividad de los trabajadores y/o de su rendimiento se combina con una intensificación de la presión para mantener o aumentar el rendimiento; que podría agravarse si se trata de mantener el ritmo y el nivel de trabajo de un cobot inteligente. En ambos casos, se intensifica la inseguridad en el trabajo mientras que la difusión del trabajo con robots puede suponer pérdida de contacto con compañeros humanos y así de apoyo social y posibilidad de resistencia a cambios negativos. 

Los retos ergonómicos

La digitalización puede reducir o eliminar, potencialmente, algunas tareas físicamente exigentes, repetitivas, rutinarias o desagradables. Sin embargo, puede ocurrir también que el cambio del contenido de las tareas (una persona en puesto de operaria, ya no tendrá que aplicar su fuerza sino que pasará a monitorizar una máquina, por ejemplo) incrementará el trabajo sedentario, un riesgo asociado a problemas musculoesqueléticos así como con la obesidad y  enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares y la diabetes.

El desarrollo de las tecnologías como internet y los dispositivos móviles favorecen el desarrollo del trabajo en entornos distintos a la oficina, que pueden no estar preparados 

Por otra parte, las nuevas interfaces hombre-máquina, como el reconocimiento de voz, el control por gestos o el seguimiento ocular tienen el efecto de incrementan la carga ergonómica y la carga cognitiva del trabajo; 

Oportunidades ofrecidas por las tecnologías digitales para la gestión pública de la salud y seguridad 

Las posibiliidades de recogida de datos masivas, y de su análisis de datos podría facilitar la comprensión de los problemas relativos a la salud y seguridad laboral (SSL), la toma de mejores decisiones en materia de SSL y la predicción de los problemas de SSL antes de que ocurran, así como intervenciones basadas en evidencias, más oportunas y eficaces. La aplicación de la “big data” (o macrodatos) puede permitir nuevos tipos de análisis de datos que permiten realizar análisis en tiempo real de flujos de macrodatos. La mayor capacidad de computación permite que el aprendizaje automático y la inteligencia artificial clasifiquen y analicen, a gran velocidad, una ingente cantidad de datos recopilados por la supervisión de sistemas cada vez más complejos. Esto podría facilitar la comprensión de los problemas relativos a la SSL, la toma de mejores decisiones en materia de SSL y la predicción de los problemas de SSL antes de que ocurran, así como intervenciones más oportunas y eficaces. Incluso puede facilitar que las empresas demuestren el cumplimiento de las normas de SSL, y que las inspecciones laborales tengan más datos para investigar los incumplimientos.

Conclusión

Si observamos cada uno de los desarrollos tecnológicos por separado, podemos ver que potencialmente podrían dar lugar tanto a impactos positivos como negativos en la salud laboral. Concluiríamos que no hay tecnología buena o mala, depende de cómo se aplique. Este análisis, sin embargo, no nos conduciría muy lejos pues sabemos que la construcción de la salud laboral requiere voluntad, y esta voluntad solo puede surgir de una demanda clara por parte de las persona que sufren las condiciones de trabajo, de las y los trabajadores. 

De momento, la necesidad de responder a los desarrollos negativos, que ganan en velocidad, amplitud y profundidad, está generando debates, y políticas, en muy diversos planos. Por una parte, la demanda de que la tecnología se vincule con la necesaria transición verde pero también con la transición justa, que evite la exclusión social.

En este sentido, se proponen medidas como la renta garantizada o la reducción de la jornada. Además, se defiende la necesidad de desarrollar la economía de cuidados, con la que se podrían multiplicar los empleos centrados en la atención a la educación, los cuidados y el bienestar de las personas. 

Sin embargo, necesitaríamos una política centrada en la protección de las personas ante los los viejos y nuevos riesgos laborales, que todavía está verde. Estamos posiblemente ante un nuevo capítulo en el desarrollo humano, que abre la puerta a grandes promesas en las que se puede llegar a aprovechar los avances en tecnología para crear un futuro inclusivo y centrado en el ser humano. Por contra, se ciernen peligros potenciales por la capacidad de las tecnologías de conducirnos a escenarios distópicos, que podemos imaginar gracias a nuestra cultura literaria y cinematográfica.  

Está por ver cómo los cambios impulsados por las capacidades tecnológicas se convierten en una oportunidad para estas mejoras. Ya hay robots que trabajan codo con codo con personas, pero las crecientes desigualdades hacen difícil inscribir estos procesos como oportunidad para la transformación social positiva y en paz con el entorno ambiental.

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