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Despedidas por ponerse enfermas

Lun, 15/04/2013 - 12:20
ELENA ALAÑA GONZÁLEZ *
Dossier

Una de las consecuencias directas de la reforma laboral en nuestra empresa es la aplicación del despido objetivo por acumulación de bajas por enfermedad. El sindicato ha recurrido estos despidos y ha conseguido algunos logros, pero en el terreno de la salud laboral la consecuencia inmediata de esta política es que las trabajadoras, por miedo al despido, solo se cogen la baja en situaciones extremas. La previsión es que las dolencias, entre las que destacan las afonías, se agraven y las trabajadoras acaben desarrollando enfermedades más graves.

Un total de once trabajadoras fueron despedidas el 1 de marzo en el centro de trabajo de Bilbao del grupo KONECTA, que gestiona la atención al cliente de IBERDROLA. Dos trabajadoras más lo fueron el pasado 27 de junio. La empresa se acogió a la reforma del apartado 52 del Estatuto de los Trabajadores que regula las causas de extinción del contrato, es decir, el famoso despido objetivo. La reforma laboral aprobada en febrero de 2012 exime a la empresa de la necesidad de justificar una situación generalizada de absentismo y permite que el cómputo de faltas de asistencia se realice de forma individualizada. Es decir, que justifica el despido por faltas de asistencia al trabajo, aun justificadas pero intermitentes, que alcancen el 20% de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos o el 25% en cuatro meses discontinuos en el periodo de un año.

Con la aplicación de esta normativa nos encontramos con situaciones que atentan claramente contra el derecho a la salud de las personas. Veamos algunos casos concretos: una trabajadora de 32 años con 7 de antigüedad en la empresa estuvo de baja tres días del mes de abril de 2011 y volvió a estar de baja siete días del mes de mayo. En este periodo tenía programados 42 días de trabajo, por lo que las bajas alcanzaron el 23,81% de las jornadas laborales y la empresa la despidió. Otra trabajadora, de 36 años y con una experiencia de 8, estuvo de baja dos días en junio y al mes siguiente estuvo 10 días de baja. En este periodo tenía programados también 42 días de trabajo, por lo que computó una ausencia por enfermedad justificada del 28,57% de la jornada laboral en dos meses y fue despedida. Un tercer y último ejemplo: una trabajadora de 36 años, con antigüedad de 17 años, que estuvo tres días de baja en noviembre, dos días en diciembre y seis días en enero. En un periodo en el que tenía programados 41 días de trabajo, se ausentó por enfermedad un 26,83% de la jornada y la despidieron. Los once casos que se han dado con estas características fueron recurridos ante los tribunales por CCOO por aplicación retroactiva de la normativa, ya que las ausencias se produjeron con anterioridad a la aprobación de la reforma. Por este motivo, unos despidos fueron declarados nulos y otros improcedentes. En los despidos que se han producido en el mes de marzo no se ha podido alegar esta situación, aunque también han sido recurridos: uno ha sido declarado nulo por un defecto de forma y otro ha sido declarado procedente, aunque vamos a seguir recurriendo.

Con independencia de lo que pase en los juzgados, estos son casos que permiten visualizar con claridad cómo se vulnera el derecho a la salud de los trabajadores y trabajadoras. Se nos trata como números, sin ninguna consideración más, y se nos despide simplemente por enfermar en un periodo muy corto de tiempo un par de veces. El deterioro de la salud de las personas que trabajamos en esta empresa no se ha hecho esperar: las personas evitan pedir la baja y llegan a acudir enfermas al trabajo porque nadie sabe qué le va a suceder en las próximas semanas. Una de las patologías más recurrentes es la afonía, porque no en vano utilizamos la voz ocho horas, con muy pocos descansos y muy breves. Es incomprensible que la afonía no figure como enfermedad profesional en las empresas de telemarketing, pero es así: solo cuando ya hemos desarrollado nódulos en las cuerdas vocales se va a considerar enfermedad profesional.

¿Qué va a pasar en un futuro muy cercano? Los trabajadores y trabajadoras van a forzar sus cuerdas vocales hasta el extremo para no cogerse la baja y acabarán desarrollando nódulos. El miedo ha calado entre los trabajadores y trabajadoras y hemos llegado a la situación de que trabajadores enfermos, que no están en condiciones de atender el teléfono, acuden al trabajo y piden a los responsables que les pongan en tareas administrativas para que no se les contabilice la baja. Para tratar de enmascarar que muchas de las patologías que padecen los trabajadores y trabajadoras son de origen laboral, la empresa se negaba sistemáticamente a enviarnos a la mutua cuando estamos afónicos o tenemos cualquier incidencia de salud en tiempo y lugar de trabajo. Hemos tenido que recurrir ante la Inspección de Trabajo, y solo con el dictamen favorable de la Inspección hemos conseguido que estas trabajadoras sean atendidas en la mutua.

Claro que la empresa ha conseguido reducir el absentismo por enfermedad, pero lo ha hecho a costa de la salud de los trabajadores y trabajadoras. Esta semana se constituye el comité de seguridad y salud en la empresa, y dados los buenos resultados de CCOO en las últimas elecciones sindicales, esperamos poder empezar a actuar más a fondo, pero la situación en este marco legal que directamente penaliza a las personas que se ponen enfermas, es especialmente difícil.

El hecho de que la empresa se acoja al despido por absentismo, aun siendo legal, lo único que está consiguiendo es crear un ambiente de tensión y miedo entre los trabajadores. Esta situación se agrava cuando un trabajador, ante una contingencia común como gripe o gastroenteritis, que genera bajas de pocos días, en vez de quedarse en casa hasta su recuperación acude al trabajo por miedo a un despido. En un sector donde las condiciones laborales no son las mejores (jornadas irregulares y cambiantes, trabajo en festivos, sueldos mileuristas, control interno y externo diario sobre nuestro trabajo…), si además tenemos que “rezar” para no enfermar y poner en riesgo nuestro empleo, mantener un mínimo buen ambiente de trabajo es imposible.

* Elena Alaña es delegada de personal en el centro de trabajo del grupo Konecta en Bilbao.

Agresión tras agresión

ALFONSO RÍOS VELADA
En todos los puestos de trabajo existen condiciones que pueden hacer enfermar a la persona que está en ellos. Si, una vez que estamos enfermos, no contamos con mecanismos adecuados para protegernos de esas condiciones y tenemos que acudir a trabajar, el deterioro que sufrirá nuestra salud será más grave aún. La prevención de riesgos laborales es fundamental, y es por lo que tenemos que vigilar en primer lugar. Sin embargo, lo mínimo a exigir es que las personas que hayan enfermado no se vean forzadas a acudir a su puesto de trabajo, precisamente también en defensa de su propia supervivencia.

La última reforma del artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores que ha aprobado el Gobierno del Partido Popular va en esa línea. Están intentando, en una nueva agresión clara contra los derechos de la clase trabajadora, obligar a que los trabajadores enfermos permanezcan en sus puestos de trabajo, a que se vean forzados a no pedir la baja médica bajo amenaza de despido. Lo que se hace es legitimar que los empresarios puedan hacer negocio con la salud de los trabajadores. Obtener beneficios a costa de que los trabajadores enfermemos. Las empresas siempre han querido poder decidir quién está de baja y quién no. Por ello, las mutuas están presionando para dar las altas médicas por contingencia común, y el Gobierno está dando las facilidades oportunas en este terreno. Como aún no han conseguido dar ellos el alta directamente, lo hacen de manera indirecta: gestionan las altas en forma de despido.

Se trata, sin duda, de una agresión más de las que estamos soportando los trabajadores desde que hemos comenzado el periodo de esta mal llamada crisis, que no es una crisis sino una estafa. Los trabajadores estamos pagando una crisis que no hemos provocado y tenemos que oponernos a ello con toda nuestra fuerza. La organización en la empresa a través del sindicato va a ser una herramienta fundamental para frenar esta cascada de agresiones.

* Alfonso Ríos Velada es responsable de Salud Laboral de CCOO de Euskadi.