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Doctora, pregúnteme en qué trabajo

Sáb, 15/10/2016 - 12:19
Contra

en que trabajoLa estadística de accidentes de trabajo y enfermedad pretende cuantificar los daños a la salud que provoca la actividad laboral en trabajadores y trabajadoras. Son dos registros que se nutren de partes de accidentes de trabajo y enfermedad profesional basados en un sistema de notificación del daño que realiza la empresa. Sabemos que existe una enorme infranotificación en ambos registros, ya que estos no dejan de ser, al fin y al cabo, la consecuencia lógica de un proceso sociolaboral conflictivo, de lucha de clases. Esta estadística muestra únicamente el daño evidente, físico, inmediato, políticamente consensuado y nunca es fácil que se produzca un reconocimiento. Incluso en casos tan claros como la exposición a amianto, los trabajadores y las trabajadoras afectados deben recurrir de forma continua a la justicia ordinaria para que se les reconozca el daño.

El daño a la salud que provoca el trabajo a miles de trabajadores y trabajadoras no viene recogido en las estadísticas, cae en ese fatídico olvido estadístico que te relega al olvido político, pero sobre todo, de forma inmediata, a no ser objeto ni de la investigación, ni de la prevención de riesgos laborales. Esto es así, especialmente, en aquellos daños a la salud que se desarrollan de forma más lenta, las enfermedades profesionales y en aquellos otros que tienen lugar en ámbitos laborales precarizados, donde los trabajadores y las trabajadoras presentan un bajo poder de negociación. A veces se olvida que no todos los trabajadores y trabajadoras tienen posibilidades reales de defender sus derechos constitucionales, como es el derecho a la salud, porque sus condiciones de trabajo, sobre todo el miedo al despido, se lo impiden.

¿Cómo saber, por lo tanto, si un proceso laboral es o no dañino para la salud de los trabajadores y trabajadoras que intervienen en él? Algunos responderán de forma automática que para eso está el sistema de vigilancia de la salud. Frente a esto cabe recordar que, según la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo 2011, uno de cada tres trabajadores y trabajadoras no recibía el ofrecimiento de reconocimiento médico por parte de sus empresas, cifra que aumenta a prácticamente uno de cada dos en el caso de trabajadores temporales. Otro dato bien conocido es que los reconocimientos médicos no incluyen la mayoría de las veces pruebas específicas para determinados riesgos porque sencillamente en el estado actual de las investigaciones se desconoce su existencia.

Mientras reflexionamos sobre todo esto, diariamente, trabajadores y trabajadoras enferman y mueren. La mayoría son atendidos en el sistema sanitario público por dolencias que, en muchos casos, vienen provocadas o agravadas por su biografía laboral. Frente a esta realidad indiscutible nos presguntamos algo muy sencillo, ¿es tan complicado que después del nombre y apellidos, la edad, el sexo, el estado civil y el código postal, se preguntase en qué trabajas? Tal vez así en poco tiempo podríamos monitorizar algunas afecciones según la ocupación o el territorio e investigar, cuantificar y, si nadie lo impide, incluso actuar y prevenir ciertas enfermedades provocadas o agravadas por las condiciones de trabajo. Se trata de una modificación tan sencilla de la historia clínica que es tremendamente sospechoso que no haya sido ya introducida en nuestro sistema sanitario. ¿No será que la falta de información estadística resulta útil para mirar hacia otro lado cuando las personas enferman por sus condiciones de trabajo?