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Trabajar a destajo en el campo de Cartagena: recolectando lechugas llueva o truene

Vie, 03/05/2019 - 08:37
BERTA CHULVI
Condiciones de trabajo

Hay condiciones de empleo que convierten la defensa de la salud laboral en una odisea. El trabajo a destajo en el campo es una de ellas. Ponemos el foco en el Campo de Cartagena, en la región de Murcia. La Unión Regional de CCOO ha conseguido mejorar la coordinación con la Inspección de Trabajo y empiezan a aparecer dictámenes que obligan a las explotaciones agrícolas a que sus trabajadores tengan un lugar para comer con unas mínimas condiciones higiénicas: cosas tan básicas como comedores, agua potable y retretes. Sin embargo, esto es sólo lo más básico y desde el punto de vista de la salud laboral el reto es mayúsculo: ¿cómo prevenir los riesgos ergonómicos y psicosociales cuando la regulación de la jornada es papel mojado porque se trabaja a destajo?

Las lechugas han de llegar a los supermercados caiga quien caiga. El pedido tiene que salir. Soplan ráfagas de viento de 75 kilómetros/hora en los centros de trabajo pero el responsable de recursos humanos de una de las muchas explotaciones agrarias de la región de Murcia considera que no es oportuno detener el trabajo. El delegado sindical de CCOO llama a la empresa para decir que así es imposible trabajar y que el Convenio establece que hay que detener el trabajo por lluvias o inclemencias del tiempo. El representante de la empresa insiste en que sigan en el tajo. Una mayoría de trabajadores se niegan a trabajar y suena en el ambiente la amenaza de amonestación. Una cuadrilla de trabajadores se decide a intentarlo, se ponen los 20 hombres detrás de la máquina, una plataforma que dispone de unos pequeños cuencos de metal donde se deposita cada lechuga que un trabajador ha cortado del suelo. Una máquina que avanza marcando el ritmo a un grupo de hombres que se agachan a recoger las lechugas. Un grupo en el que todos han de trabajar al mismo ritmo porque la máquina va marcando el avance. Lo esfuerzos son en vano, no es posible trabajar con ese viento y la cuadrilla se ve obligada a parar.

Ante esta situación el delegado sindical realiza un escrito explicando las razones del paro para evitar sanciones por parte de la empresa pero la amargura cunde entre la cuadrilla que sabe que el precio de detener la recolecta correrá a cargo de los trabajadores y no de la empresa. Cada paro por inclemencias del tiempo significa, en la práctica, que las cuadrillas tendrán que extender la jornada hasta que sea necesario porque el pedido ha de salir sí o sí y porque ellos han aceptado se supone que “voluntariamente” un sistema de remuneración por incentivos, comúnmente conocido como “trabajo a destajo”.

Se trata de trabajadores que ya tienen jornadas muy extensas porque se desplazan a las fincas agrícolas alejadas de su lugar de residencia, incluso en otras provincias. Este es el relato de un delegado sindical de CCOO: “Tu te has levantado a las 3 de la mañana para subirte a las 5 a la furgoneta que te llevará a la finca que te toca ese día. Un lugar que está a unas dos horas a del punto de salida. Cuando llegas son las 7,00 y está lloviendo. Así que no puedes empezar a trabajar. Te has de esperar hasta que pare de llover en un lugar inhóspito y te pones a trabajar sobre las diez de la mañana. Son las cinco de la tarde y sigues en el campo trabajando, ya estás agotado pero te dicen que hay que seguir porque el pedido hay que servirlo. Los trabajadores están reventados porque han salido de casa a las cinco de la mañana y saben que aún les quedan unas dos horas de camino de vuelta. Empiezan las protestas y en el mismo momento se escuchan las amenazas de la empresa. Los trabajadores no pueden más físicamente pero para conservar su empleo continúan. Saben que ese sobresfuerzo no se lo van pagar”. Son entornos laborales muy precarizados donde es muy arriesgado dar nombres sin que eso perjudique directamente a los trabajadores implicados, así que decidimos mantener el anonimato tanto de los trabajadores como de las empresas.

La clave para entender porque se extienden las jornadas sin remuneración adicional es la modalidad de trabajo a destajo, o por incentivos, cómo lo llama la empresa. En teoría es un sistema voluntario de remuneración pero en la realidad no es voluntario: “si toda la cuadrilla trabaja a destajo, un trabajador individual no puede decir que quiere trabajar por horas. Nos pagan por lechuga recogida o plantada, así que en el caso de que hayas tardado tres horas en empezar a trabajar esas horas no te las pagan. Y por supuesto las tres horas de desplazamiento tampoco te las pagan. En la mayoría de las empresas se incumple el Convenio Colectivo o se negocian acuerdos a la baja para evitar despidos. Es decir, que has estado doce horas al servicio de la empresa, en medio del campo, con lluvia y viento, haciendo un esfuerzo extra y vas a cobrar como máximo las ocho horas de jornada ordinaria”.

¿Qué hacer cuándo hay lluvia y sin embargo hay que sacar el pedido? Los trabajadores lo tienen claro: “la empresa sabe que va a llover, hoy en día todos sabemos la predicción del tiempo, así que la solución para no extender la jornada sería enviar trabajadores de refuerzo a ese lugar en el que se sabe que va a haber dificultades especiales para cubrir con las demandas del pedido ese día”. La solución es sencilla pero las empresas no lo hacen, todo recae sobre la espalda de un trabajador que se agacha unas 5.000 veces en una jornada para recoger la preciada hortaliza que saldrá embolsada desde el campo hasta el supermercado.

La regulación de la jornada es papel mojado.

Las 160 horas o más de jornada mensual son papel mojado porque se trabaja a destajo y no hay control sobre las jornadas. La negociación de un precio mínimo la hora que se pacta en el convenio tampoco sirve para que los trabajadores tengan control sobre sus vidas laborales: “En el convenio se debería pactar un sistema de métodos y tiempos y así se podría evitar que una empresa pagara a sus trabajadores por debajo de la competencia y se generara una reacción en cadena en el sector, que es lo que está pasando” explica uno de los delegados.

Antonia Martínez, Secretaria de Salud Laboral de CCOO-Murcia, da fe de que las declaraciones de los delegados dibujan con exactitud la situación: “el primer problema con el que nos encontramos cuando queremos intervenir en salud laboral, es que las jornadas son siempre muy superiores a lo que se declara. La propia Inspección de Trabajo echa en falta un registro de jornadas como elemento clave para poder actuar. Si partimos de ahí ya es muy difícil intervenir en la organización del trabajo de unos empleos, en condiciones físicas muy duras, que provocan afectaciones graves en las articulaciones y una exposición muy importante a riesgos psicosociales”. Martínez explica que cuando llegó a la Secretaría se propuso mejorar la coordinación con la Inspección de Trabajo y que en colaboración con la secretaría de Acción Sindical se ha conseguido avanzar en ese ámbito gracias a la elaboración un protocolo interno de actuación en las denuncias ante la inspección de trabajo.

Ángel Torregrosa, secretario comarcal del Guadaletín de CCOO, lleva desde 1978 en el sector agrario y conoce perfectamente la situación: “En la mayoría de las explotaciones de hortalizas de suelo, cítricos u otro tipo de frutas como melón y sandía se trabaja a destajo. Sólo en las explotaciones de cultivos delicados como el calabacín, el tomate o el pimiento se trabaja por horas. La situación es completamente ilegal porque no es voluntaria. Si los trabajadores se niegan a trabajar a destajo y dicen que quieren trabajar por horas no los llaman a trabajar o no se les renueva el contrato. Cuando en la negociación colectiva planteamos que hay que abordar el trabajo a destajo, las empresas no quieren entrar a negociar tiempos y condiciones de trabajo. Se excusan en que el trabajo a destajo es voluntario. Será voluntario sobre el papel pero sobre la realidad no lo es” explica Torregrosa. En cuanto los objetivos a cumplir en relación al número de piezas recolectadas las empresas los establecen sin negociarlos con la representación legal de los trabajadores y sin atender a como está el suelo, como está el tiempo o como está el cultivo: “El esfuerzo físico no es lo mismo cuando se trabaja en un campo embarrado o en un limonero del que se recoge por primera vez, que en un campo seco o con un limonero que ya ha sido recolectado en una pasada” explica Torregrosa.

Empiezan a llegar resoluciones de la Inspección de Trabajo

El esfuerzo de coordinación con la Inspección de Trabajo empieza a dar sus frutos en algunas áreas. El trabajo coordinado ha sido efectivo pero también las quejas que el sindicato ha empezado a poner por escrito cuando la actuación de la inspección no es todo lo diligente que debería: “Antes nos quejábamos de palabra ante situaciones donde las actuaciones de la Inspección nos parecían partidistas o incluso había inacción por la denuncia presentada, pero ahora nos quejamos por escrito mediante el modelo oficial que hay de queja ante la Inspección de Trabajo explica Antonia Martínez.

Recientemente una resolución de la Inspección de Trabajo de Murcia ha sorprendido a propios y extraños. La inspectora se refiere a una norma de 1971 para exigir a una explotación agraria que instale comedores dotados de agua potable y con todo lo necesario en las fincas agrarias que carecen de ellos. Nos lo explica Antonia Martínez: “El Real Decreto de Lugares de Trabajo incluye entre las excepciones en su ámbito de aplicación, los campos de cultivo, bosques y otros terrenos que formen parte de una empresa o centro de trabajo agrícola o forestal pero que estén situados fuera de la zona edificada de los mismos. Por tanto, la obligación de contar con vestuarios y comedores no puede reclamarse por esta vía. Sin embargo, la Guía Técnica del Real Decreto de Lugares de Trabajo indica que en esos espacios se aplicará lo dispuesto en la Ordenanza General de Seguridad e Higiene en el Trabajo de 1971, en tanto en cuanto no se apruebe la correspondiente normativa específica. Las obligaciones que generan esos capítulos de la Ordenanza son mucho más amplias y precisas que las del Real Decreto por eso hemos podido empezar a actuar en explotaciones agrarias donde no hay agua potable al servicio de los trabajadores, ni retretes adecuados ni comedores”. Diego Guil Técnico del Gabinete de Prevención de Riesgos Laborales de CCOO-Murcia afirma que cuando se llega a la inspección de trabajo los delegados de prevención han agotado ya todos los mecanismos dentro de la empresa, en las reuniones del Comité de Seguridad y Salud, presentando escritos de comunicación de riesgos, realizando propuestas de mejora y un largo étcera: “la Inspección es el último recurso” señala Guil. “Sin embargo, tras dos años exigiendo en el Comité de Salud Laboral de una de las empresas del sector la necesidad de instalar comedores, hemos tenido que denunciar a la Inspección y la Inspección ha actuado. El tema sigue abierto porque sin negociar con la representación legal de los trabajadores, la empresa ha instalado unos tejaditos con unas mesas y piensa que eso es suficiente” explica un delegado sindical de dicha empresa.

Antonia Martínez piensa que se ha abierto un camino pero que es necesario profundizar más: “La intervención en salud laboral en el sector agrícola de Murcia se enfrenta a muchísimos problemas que tienen un origen común: las jornadas laborales son siempre muy superiores a las declaradas y no existe ningún control sobre ellas. El trabajo a destajo genera situaciones insostenibles en términos de salud laboral en muchas explotaciones”.

Enrique Bruna, secretario de la Federación de Industria de Murcia es consciente de la situación de los trabajadores y trabajadoras del campo y plantea la necesidad de intervenir en la mejora de las condiciones de trabajo desde la negociación colectiva: “Lo que ocurre en el campo de Murcia es una anomalía: hay diecisiete convenios colectivos donde sólo debía haber uno tal y como ocurre en todos los demás sectores económicos. Esta atomización es una debilidad que tiene graves consecuencias para los trabajadores y trabajadoras. El objetivo de la Federación es ir unificando esos convenios conforme vayan venciendo y vamos a trabajar en esa dirección porque es el camino más eficaz para mejorar las condiciones de empleo y la salud de los trabajadores y trabajadoras del campo”.