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Paul Leigh, “Los salarios bajos incrementan el riesgo de hipertensión”

Lun, 15/04/2013 - 12:20
BERTA CHULVI
Condiciones de trabajo

Paul Leigh es epidemiólogo en el departamento de Salud Pública de la Universidad de California Davis (EEUU). Recientemente, la revista científica European Journal of Public Health ha publicado los resultados de una de sus investigaciones. Leigh muestra que los salarios bajos incrementan el riesgo de padecer hipertensión, una de las enfermedades cardiovasculares con mayor incidencia en el mundo desarrollado. Este investigador propone que las autoridades tengan en cuenta estos resultados al tomar decisiones sobre la regulación salarial.

¿Es este el primer estudio que examina el efecto de los salarios sobre la hipertensión?

Es el primero que yo sepa. Hay trabajos anteriores que relacionan el estatus socioeconómico con las enfermedades circulatorias. Sin embargo, qué se entiende por estatus socioeconómico varía de unos trabajos a otros y hay controversia respecto a qué componentes del estatus socioeconómico provocan un mayor riesgo de padecer enfermedades circulatorias. Parece que el nivel educativo, el tipo de profesión y el volumen global de ingresos tienen efectos diferenciados.

¿Por qué decidisteis usar los salarios como indicador?

Muchas personas elaboran juicios sobre sí mismos, lo que llamamos autovaloración, en función de sus salarios. Bajos salarios significa baja autovaloración, y en mi opinión una baja autovaloración conduce a una peor salud, incluyendo la hipertensión. Además, los salarios se ven afectados por decisiones de los gobiernos, por ejemplo, cuando estos apuestan o no por incrementar el salario mínimo interprofesional, apoyan a los sindicatos para que negocien con las empresas el pago de salarios dignos, o aumentan el salario de los funcionarios que tienen salarios más bajos.

¿Qué datos habéis utilizado en esta investigación?

Disponemos de una fuente estadística, The Panel Study of Income Dynamics (PSID), que es longitudinal, es decir, se repite cada dos años con una muestra representativa de la población estadounidense. El PSID contiene mucha información, incluyendo los salarios, enfermedades, nivel de estudios, hábitos de salud, etc. Trabajamos con los datos de los individuos que habían participado en las muestras de 1999, 2001, 2003 y 2005, seleccionando a los adultos, entre 25 y 65 años, que habían trabajado como mínimo 500 horas anuales tanto en régimen asalariado como en régimen de autoempleo. Las personas que manifestaron haber sufrido de hipertensión en la primera cohorte 1999-2001 fueron excluidos. Finalmente trabajamos con una muestra de 5.651 personas. Además analizamos los datos diferenciando varias submuestras: por un lado, las edades entre 25 y 44 años y las personas entre 45 y 65. Por otro, los hombres y las mujeres.

¿Cómo habéis considerado los salarios y medido la hipertensión?

El PSID nos da información sobre los salarios en relación a las horas trabajadas al año, e incluye además otros ingresos por trabajos secundarios o autoempleo. La medida de la hipertensión se obtiene de una pregunta como la siguiente: ¿le ha comunicado alguna vez el médico que padece hipertensión? Quienes respondieron afirmativamente fueron calificados con un 1 y los que respondían negativamente con un 0. Además, otras variables que podían estar relacionadas con la hipertensión fueron controladas. Por ejemplo, variables demográficas y geográficas, niveles de estudio, hábitos de salud como el consumo de bebidas alcohólicas u otras enfermedades como la obesidad. Controladas quiere decir que se incluyeron en el análisis para poder ver qué efecto tenían los salarios de forma aislada.

¿Cuáles son los principales resultados de la investigación?

Hemos visto con claridad que los salarios bajos predicen la hipertensión y que los salarios más altos predicen la ausencia de la misma. Esto sucede especialmente en el grupo de población más joven (entre 25 y 44 años) y entre las mujeres. Las personas con edades entre 25 y 44 años y con salarios más bajos presentan un riesgo de padecer hipertensión entre un 25 y un 30% superior a aquellos que, en las mismas circunstancias, les doblan en salario. Las diferencias entre hombres y mujeres también fueron importantes: en la submuestra de mujeres lo que predice la hipertensión son los salarios bajos, mientras que en la submuestra de hombres es el número de años de estudio.

¿Cómo explicas estas diferencias en el grupo de jóvenes y en el de mujeres?

Las mujeres y los menores de 44 años tienen salarios más bajos, en general, por ello en estos grupos la relación se ve con mayor claridad. Que hay una relación mayor entre estatus socioeconómico y enfermedades circulatorias entre los jóvenes que entre la gente de más edad ya había sido mostrado en otros estudios y ahora se encuentra de nuevo en nuestro resultado. Algunos autores sugieren que quizás los adultos han desarrollado más habilidades para manejarse en las dificultades económicas y ello les permite llevar mejor estas situaciones. En el caso de las mujeres, sabemos que es un grupo que informa mejor de los episodios vitales relacionados con la salud, incluida la hipertensión. Si la variable hipertensión es medida con más cuidado, es lógico que se muestre con mayor fortaleza en nuestros análisis estadísticos.

¿Cuál es la aplicación práctica de estos resultados?

La consecuencia es clara. Para reducir la prevalencia de la hipertensión, los gobiernos y las empresas deberían considera subir los salarios más bajos. Reducir la hipertensión tendría un impacto significativo en la salud de los americanos y en el gasto sanitario. La hipertensión fue la primera causa de muerte en 2008, causando el fallecimiento de 348.000 americanos. La hipertensión incrementa el riesgo de infarto y afecta a uno de cada tres adultos en Estados Unidos. El coste directamente atribuible a la hipertensión en EEUU es de 131.000 millones de dólares cada año en lo que se refiere a gasto sanitario y de 25.000 millones anuales en pérdida de productividad.

España: 120.000 fallecidos por enfermedades cardiovasculares

SALVADOR MONCADA
La hipertensión arterial (HTA) provoca trastornos frecuentes leves como dolores de cabeza, trastornos sensoriales y calambres. Además puede conducir a complicaciones graves como los accidentes vasculares cerebrales, constituyendo un reconocido factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares (ECV), grupo de enfermedades que generó más de cuatro millones de días de hospitalización y por el que murieron cerca de 120.000 personas en 2011 en todo el estado, según datos oficiales del INE.

El estudio del doctor Leigh aporta mayores evidencias de la relación entre la hipertensión arterial y los bajos salarios. Un resultado importante en nuestro contexto, pues de acuerdo con los últimos datos publicados por Eurostat, España fue el país de la Unión Europea donde los salarios registraron una reducción mayor en el último trimestre de 2012, con una caída del 4,3% respecto al año anterior, mientras que en el conjunto de los veintisiete países aumentaron un 1,4%.

Además del impacto en la calidad de vida de la reducción de salarios, nos preguntamos cuántos casos de hipertensión vamos a tener que añadir a los que ya teníamos antes de reducir salarios y cuánto va a costarnos la broma en términos de costes de tratamientos médicos, hospitalizaciones, absentismo y mortalidad prematura.

En un estudio centrado en cinco áreas de salud de Badalona, la prevalencia de hipertensión arterial fue del 26,5% y generó un coste directo (promedio/ unitario/año) de 1.200 euros. Afirma el doctor Leigh que doblar los salarios más bajos reduce el riesgo de hipertensión arterial entre un 25 y un 30% entre los menores de 44 años; población que, de acabar hipertensa, va a requerir muchos años de tratamiento médico. En estos tiempos de recortes antisociales, lo que ahorran las empresas y Administraciones bajando salarios puede salirle muy caro al erario público por la vía del aumento de los costes sanitarios relacionados con la hipertensión arterial provocada reduciendo la remuneración de los trabajadores y trabajadoras.