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Sumario nº 70
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CONSUELO JARABO*
Los últimos datos publicados por el Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT) ponen de relieve un cambio importante en la visibilización de las enfermedades profesionales de las mujeres trabajadoras en la Comunidad Valenciana. El 61,5% de las enfermedades declaradas en el año 2014 corresponde a mujeres trabajadoras, frente al 38,5% de sus compañeros varones. Ahora que las estadísticas empiezan a describir adecuadamente la realidad, la inclusión de una perspectiva de género en las políticas de salud laboral de las empresas y de las Administraciones es inexcusable.

Como todo el mundo sabe, la infradeclaración de las enfermedades profesionales es una práctica generalizada de las mutuas. El fenómeno empieza a producirse con claridad desde que en 2005 una orden del Ministerio de Trabajo establece que fueran estas entidades las que sostuvieran económicamente las prestaciones de incapacidad por enfermedad profesional. A partir de ese momento se trunca en toda España el proceso de aumento progresivo de declaración de enfermedades profesionales y el bajón fue escandaloso. Se pasó de 28.728 enfermedades profesionales declaradas en 2004 a 17.010 en 2007 y 15.711 en 2012. La práctica fue tan nefasta que en 2008, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales se vio obligado a publicar una circular advirtiendo a las mutuas de que se investigarían las denegaciones de enfermedad profesional. Desde entonces los reconocimientos se han mantenido en torno a los 17.000 anuales, es decir, se ha mantenido el subregistro de enfermedades profesionales en España, que algunos estudios han estimado en torno al 79%. Además, los incrementos en los reconocimientos de las enfermedades profesionales se han producido, sobre todo, a costa de las enfermedades sin baja: mientras en 2007, las enfermedades sin baja suponían un 32% de todos los reconocimientos realizados, en 2014 ese porcentaje ascendía al 52%.

El actual Gobierno no ha hecho nada para atajar esta situación, es más, las últimas modificaciones legales introducidas en la organización han aumentado la capacidad de intervención de las mutuas justo en la dirección opuesta a lo deseable. Sin embargo, la realidad es tozuda y aflora con contundencia cuando la atención primaria se pone a trabajar de forma adecuada, derivando a las mutuas las patologías que están claramente relacionadas con el trabajo.

Bastan programas como el SISVEL (Sistema de Información Sanitaria y Vigilancia Epidemiológica Laboral) puesto en marcha por la Generalitat valenciana, que recoge las sospechas de enfermedad profesional detectadas por los médicos de familia y especialistas de la sanidad pública, para que aflore la gravedad de la situación de las mujeres: la precarización del trabajo en el sector servicios provoca que las mujeres enfermen a causa del trabajo. Para cualquiera es fácil imaginar de qué forma están trabajando hoy las mujeres del sector de limpieza y hostelería en la costa mediterránea o las mujeres que trabajan en los almacenes agroalimentarios: a destajo, con salarios precarios, con altos ritmos de exigencia y con miedo a pedirse una baja por si son despedidas. Como las mujeres que trabajan en residencias de mayores o de personas con discapacidad, sometidas además a sobreesfuerzos. Eso es lo que está detrás de las estadísticas que reflejan un importante incremento de las enfermedades profesionales en mujeres en la Comunidad Valenciana. Eso y unos profesionales de la atención sanitaria pública que están haciendo bien su trabajo en la utilización del SISVEL.

En cuanto el foco se pone en las consultas de atención primaria, donde se visualizan los efectos del trabajo precario, salen a la luz las enfermedades de las mujeres. El SISVEL ha permitido detectar esta situación y se ha producido un incremento de 10 puntos en el reconocimiento de las enfermedades profesionales padecidas por mujeres respecto a 2013, a pesar de que el número de trabajadoras es inferior al de los trabajadores.

Las enfermedades profesionales más declaradas en mujeres son las enfermedades osteomusculares (75-80%). La principal es el síndrome del túnel carpiano. Se trata de la compresión del nervio mediano en la muñeca que produce hormigueo, dolor nocturno en manos y pérdida de fuerza. La siguiente enfermedad más frecuente es la epicondilitis, dolor en el codo, conocida popularmente como codo de tenista, aunque la padecen con mayor frecuencia las charcuteras o limpiadoras: aparece cuando se intenta levantar un peso con la palma de la mano mirando hacia abajo y no ocurre si se levanta el peso con la palma hacia arriba. Las malas condiciones ergonómicas y la intensificación del trabajo son los principales responsables de estas lesiones: trabajos que exigen posturas forzadas, tareas monótonas y repetitivas, métodos de trabajo inadecuados y, más a menudo de lo que se piensa, levantamiento de cargas. Existen suficientes conocimientos sobre medidas preventivas, pero se necesita voluntad empresarial y política para ponerlos en práctica.

Aunque el mayor número de enfermedades corresponde a trastornos musculoesqueléticos, también hay otros grupos en los que las mujeres se ven más afectadas que los hombres y, sin embargo, no se les reconocen apenas incapacidades permanentes. Nos estamos refiriendo a enfermedades de la piel no causadas por agentes químicos, físicos o biológicos.

CCOO ha abanderado la exigencia de que todas las enfermedades que tengan su origen en el trabajo sean declaradas como tales. En los últimos años, con la puesta en marcha del SISVEL, se ha conseguido incrementar la declaración de enfermedades profesionales y eso es un dato positivo. Sin embargo, a las estadísticas no le siguen las políticas activas de promoción de la salud laboral. En 2013, CCOO ya denunció que más del 50% de las enfermedades profesionales las estaban padeciendo las mujeres; exigió que se analizaran las causas y se planteara un plan de trabajo para mejorar las condiciones de trabajo y, por tanto, reducir la exposición y la enfermedad. Desde entonces nos hemos encontrado con una negativa de la patronal y un 'dejar pasar' de la Administración. Los datos publicados por el INVASSAT sobre 2014 nos llevan a seguir exigiendo la introducción urgente de un enfoque de género en las políticas preventivas que ponga a las mujeres como objetivo prioritario.

CCOO seguirá reivindicando en los centros de trabajo, en la calle y en todos los ámbitos de representación que la prevención de los riesgos laborales debe estar entre las prioridades de las empresas y que esta no es posible olvidando a las mujeres. El sexo y los roles de género tienen su impacto en la vulnerabilidad biológica, en la exposición a riesgos, en la prevención de los mismos, en el acceso a recursos de promoción y prevención, en la incidencia de las enfermedades, en la clínica y en la evolución de las mismas, en las repercusiones sociales y culturales de la salud y la enfermedad, y en la propia respuesta de los servicios y sistemas de salud, y, en general, en todos los aspectos de la vida y de la salud de hombres y mujeres.

Quienes han utilizado la crisis como coartada para reducir la inversión, para prevenir la siniestralidad y las enfermedades profesionales, la han utilizado también para rebajar las exigencias de condiciones de trabajo, creyendo que la inercia de muchos años mejorando resultados se iba a mantener de manera indefinida, pero eso no ha sido así y las mujeres están siendo un grupo especialmente afectado.

Hacen falta políticas decididas que exijan a las mutuas y a los servicios de prevención que cumplan la función que tienen asignada, pues solo así se conseguirá que las mejoras que introducen programas como el SISVEL lleguen a todos los trabajadores y trabajadoras. Los datos que acabamos de exponer han demostrado que este sistema es una buena herramienta para hacer aflorar posibles enfermedades profesionales, sin embargo son los médicos de familia los que más la utilizan, junto con los de medicina especializada (74%) frente a un ridículo 2% de las unidades de vigilancia de la salud de los servicios de prevención y un 24% de las mutuas. Hay muchísimo trabajo por hacer y es inaplazable.

*Consuelo Jarabo es secretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO del País Valencià.

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