
BERTA CHULVI
Hay tantas sustancias químicas tóxicas que es imposible para la ciencia evaluarlas todas, así que Joel Tickner, director del Centro Lowell de Producción Sostenible de la Universidad de Massachusetts, plantea que es mejor invertir los recursos económicos y científicos en el desarrollo de una química verde que ofrezca las mismas utilidades sin pagar la factura de perder la salud. La sustitución es posible, pero las empresas, sobre todo las pymes, necesitan apoyo técnico y científico para abordarla.
Has criticado la fragmentación de responsabilidades en la
gestión del riesgo químico y señalas la necesidad de una
agencia de sustancias tóxicas, ¿por qué?
Porque las mismas sustancias se están utilizando en la industria
farmacéutica y en la industria química, por poner un
ejemplo, y no se comparte información, a pesar de que la industria
farmacéutica tiene muchos más datos de toxicidad.
Es necesario un enfoque interdisciplinar donde la guía sean
las sustancias. Un instituto que cuente con toxicólogos, epidemiólogos
pero también ingenieros, porque en realidad estamos
ante un problema de diseño, de mal diseño. Las empresas
no están contemplando los efectos de las sustancias
que incorporan a sus productos y eso es un fallo en la fase de
diseño. A nadie se le ocurriría diseñar un puente que pudiera
caerse y matar a personas. En la industria química está sucediendo
esto mismo.
Planteas también un cambio en el modelo de ciencia, pasando
de una ciencia del conocimiento a una ciencia de la sostenibilidad.
Sí, quería decir que necesitamos datos e información científica,
pero no necesitamos datos perfectos. Por ejemplo, no necesitamos
saber cómo una sustancia entra en el cuerpo y cómo
se metaboliza, porque, al fin y al cabo, si una sustancia
es tóxica, es tóxica. Pasamos años y años gastando millones
de dólares en investigaciones que no tienen ningún valor
económico, ningún valor para la protección de la salud. Lo
que debemos pedir a la ciencia es que nos diga cómo los
usuarios pueden obtener la misma función que hoy obtienen
con la química tóxica, pero con la química verde, sin dañar la
salud ni el medio ambiente.
Valoras positivamente REACH, pero el reglamento sigue insistiendo
en la evaluación y no tanto en la sustitución.
REACH tiene sus problemas, pero es una oportunidad enorme
para cambiar los mercados. Representa un cambio de cultura.
Le dice a las empresas que han de saber con qué están trabajando.
El efecto de obligar a las empresas a saber con qué
trabajan es enorme. Lo vimos en Massachusetts con la ley de
reducción del uso de tóxicos. Las empresas no tenían ni idea
de qué estaban utilizando, ni qué residuos generaban, cuando
lo supieron y vieron las obligaciones legales, muchos directivos
decidieron cambiar las sustancias que utilizaban. La
normativa no es suficiente para producir el cambio, pero si se
combina con apoyo a la innovación, el paso a una química
verde es posible. Ocurrió en Massachusetts con la reducción del tricloroetileno. Lo criticable de REACH es que no incluye
apoyo a la innovación. Las empresas necesitan apoyo técnico
y científico para abordar la sustitución de la química tóxica, de
otra forma no son capaces de hacerlo. Una empresa pequeña
no quiere correr el riesgo de que la alternativa no funcione.
En Massachusetts, la universidad ha asesorado a las empresas
que se decidían a sustituir con un programa financiado por el
gobierno, que recauda sus fondos de los impuestos que pagan
las empresas que usan productos tóxicos. Los laboratorios
de la universidad han servido para que las empresas pudieran
comprobar, en sus propias piezas o en sus instalaciones, que la
sustitución del tóxico sí funcionaba.
Afirmas que RISCTOX, la base de datos de ISTAS, es una herramienta
única en el mundo, ¿por qué?
No hay otra base de datos que contenga 100.000 sustancias
químicas tóxicas con alternativas de sustitución, que tenga tan
claro su enfoque en prevención, que sea tan fácil de usar, que
contenga tantos casos prácticos. Lo peor de RISCTOX es que internacionalmente
no sea más conocida. He mostrado RISCTOX a
colegas de EEUU y se han quedado impresionados.
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