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Sumario nº 47
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Cómo hacer visible la relación entre exposición y daño? Los delegados y delegadas relatan dificultades, pero también resultados

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Establecer la relación entre exposición y daño no siempre es fácil y, sin embargo, es clave para demostrar que las condiciones de trabajo son responsables de los problemas de salud que padecen los trabajadores y las trabajadoras.

En esa situación se vieron los delegados de prevención de Gas Natural que estrenaron el nuevo edificio “inteligente” de la compañía en la capital catalana. En un lugar donde trabajan más de 1.000 personas, alrededor de 260 se vieron afectadas por una enfermedad poco frecuente: una especie de hundimiento en la piel, en forma de semicírculo, en el que parece haber desaparecido la grasa o la masa muscular. Sus respectivos médicos de cabecera remiten al dermatólogo, sin darle más importancia al tema.

Sin embargo, la acumulación de episodios y la existencia de un suceso similar en un banco belga permiten identificar el daño como lipoatrofia semicircular y relacionarlo con unas condiciones de trabajo nada saludables: un edifico sin ventanas, con muy baja humedad y una gran carga de energía estática son los responsables de la dolencia que padecen mayoritariamente las mujeres. Un montón de avances tecnológicos, pero nadie había pensado en la salud laboral: “Mesas eléctricas a las que se enchufan todos los aparatos, un suelo técnico bajo el que discurren todo los cables, cubierto con moquetas con todos los ‘anti’ que te puedas imaginar”, explica Daniel Rodríguez, delegado de prevención en Gas Natural.

La actuación sindical se centra en varios ejes: saber qué les pasa a las trabajadoras y cuál es su gravedad, informar a la plantilla detalladamente de lo que sucede, denunciar la situación a la Inspección de Trabajo y obligar a la empresa a tomar medidas. El número de casos fue la clave para que interviniera la Inspección de Trabajo y paralizara la actividad. Se detectó que algunas de las modernas mesas no tenían conectada la toma de tierra, se instalaron humidificadores y otros mecanismos para evitar la electricidad estática de forma provisional y más tarde la empresa se ha visto obligada a realizar una inversión importante para adecuar el sistema de ventilación.

La dolencia se reconoció como accidente de trabajo sin baja, obligando a la mutua a desarrollar la vigilancia de la salud específica para las personas afectadas. La actuación llegó hasta el Departament de Salut Pública de la Generalitat, que ha emitido un protocolo en el que se reconoce la lipoatrofia como accidente de trabajo. Sin embargo, “las consecuencias en cuanto a la prevención se desconocen. Se seguirán construyendo edificios de esas características”, afirma Daniel.

Bhopal en las montañas de Palencia

También se enfrentaron a lo desconocido, pero con daños de mucha mayor gravedad, los delegados sindicales de la Unión Provincial de Palencia que atendieron a las trabajadoras de Warhom Servicios S.A., una subcontrata de Gamesa Eólica. “Las trabajadoras acuden al sindicato presentando quemaduras en los brazos y en la cara y fuertes dolores de cabeza. Afirman que están manipulando productos químicos, pero no tienen información sobre ellos”, explica Juan Carlos González.

Las trabajadoras estaban reparando, in situ, las aspas de los molinos de un parque eólico instalado en la localidad de Hornillos de Ferrato. El trabajo consiste en descolgar las palas de los molinos y repararlas en una carpa habilitada para ello. Para arreglar los desperfectos inyectan un producto químico que las trabajadoras describen como “bastante irritante” porque, “cuando se quedan con el producto en la mano, echa humo y perfora los guantes”. Después de inyectar el producto lo lijan, lo pintan y lo limpian con “una acetona pura”. “Cuando se lija, hay tanto polvo en el ambiente que no se ve prácticamente al compañero que está a un metro de distancia”, afirman.

La Federación de Industria de CCOO de Palencia y los técnicos de ISTAS inician una investigación para saber qué está pasando. Empiezan a sospechar que hay algo grave detrás cuando las trabajadoras relatan que en el proceso de selección “se les ha preguntado si estaban embarazadas o tenían perspectivas de estarlo a corto plazo”. La empresa incumple su deber de información a los trabajadores en distintas ocasiones. Cuando las trabajadoras solicitan las fichas de seguridad de los productos, la empresa se las niega. Cuando las trabajadoras arrancan las etiquetas de los envases la sorpresa es tremenda: estos elementos informativos básicos están en alemán.

La mutua Ciclos diagnostica “alergia sin determinar el origen de la misma”. Y ahí queda todo. La Unión Provincial de Palencia presenta una denuncia ante la Inspección de Trabajo contra Warhom por desconocimiento de las sustancias químicas que se manipulan y daños a la salud de un grupo de trabajadores. La respuesta de la Inspección fue pedir una evaluación higiénica del lugar de trabajo y poco más: afirman desconocer las causas que han podido provocar los síntomas y dan el asunto por zanjado.

Sólo los delegados sindicales y los técnicos de ISTAS no desisten. “Ya no eran solamente quemaduras y alergias –explica Juan Carlos González–, sino síntomas mucho más severos: cefaleas constantes, trastornos severos del sistema reproductor, amenorrea, aparición de leche materna en el caso de las mujeres, quistes abdominales, mareos y hemorragias nasales persistentes”. Ante la gravedad del asunto interviene FREMAP, sociedad de prevención de la empresa Gamesa, y realiza una medición de contaminantes y análisis de laboratorio. Los resultados de la medición ponen de manifiesto la presencia en el ambiente de isocianatos muy por encima de los valores permitidos, casi 600 veces por encima. Para ese momento los delegados sindicales y los técnicos de ISTAS ya saben de qué están compuestos los productos y constatan que la medición obvia otras sustancias como la etriopilina, cuyos efectos son muy peligrosos: disruptores endocrinos, cancerígenos, mutágenos y neurotóxicos.

La Inspección de Trabajo dicta una nueva resolución en vista de los resultados de la medición de FREMAP, donde se comunica a la empresa la necesidad urgente de corregir las condiciones de exposición de los trabajadores mediante sistemas de aspiración localizada, equipos de protección adecuados, etc. Dada la gravedad de las enfermedades, CCOO presenta una nueva denuncia contra la empresa principal y contra la subcontrata y convoca una rueda de prensa. Sólo la presión mediática da resultado, y se adoptan las primeras medidas preventivas. Pero los efectos se suceden y una trabajadora aborta. Ante la gravedad de los hechos, CCOO ha interpuesto una demanda ante el juzgado de lo penal en Palencia que ha sido admitida a trámite.

Y ahora todo el mundo quiere cubrirse las espaldas: Inspección de Trabajo propone un acta de infracción contra la subcontrata, con responsabilidad solidaria de la empresa principal. La subcontrata desmonta la carpa y desaparece sin finalizar los trabajos. La mutua pasa de no dar bajas a no atreverse a dar el alta médica. El juzgado ha solicitado a ISTAS, mediante auto, información sobre las sustancias que se estaban utilizando en la empresa y so bre el accidente de Bhopal en la India, ya que éste fue causado por una fuga de isocianatos, el mismo producto que manipularon las trabajadoras palentinas.

Enfrentarse a la mentira institucional

“La importancia de no tirar ningún papel. Acordaros de esto”. Esta fue la frase con la que Chus Rodríguez, delegado de prevención en ARCELORMITTAL, sintetizó la experiencia de un caso donde la documentación ha sido clave. Los archivos de la sección sindical de CCOO, los archivos de prevención de la propia empresa y otros documentos rescatados de unas naves que ya no se usan, sirvieron para demostrar lo que la empresa trataba de ocultar: que Julio Álvarez, fallecido en 1999, trabajó expuesto al amianto y que primero ENSIDESA y luego ACERALIA mintieron sistemáticamente sobre el uso de amianto en sus instalaciones.

En el caso de Julio Álvarez, el documento clave fue una hoja aparentemente trivial: un cuadrante de turnos de trabajo de 1964. El cuadrante detalla qué tareas realizaba Julio y sirvió para contactar con compañeros del fallecido que describieron ante el juez cuáles eran las condiciones de trabajo y el contacto habitual con el amianto. Pero además, los delegados de prevención encontraron mucha más documentación que demostraba que la empresa ocultó a las Administraciones sanitarias que, hasta hace bien poco, en la fábrica se trabajaba con amianto.

La mentira institucional se inicia en 1986. ENSIDESA es requerida por las autoridades para formar parte del Registro de Empresas con Riesgo de Amianto (RERA). La respuesta de la empresa es taxativa: “Desde 1982 el amianto, en todas sus variedades, ha sido sustituido y en consecuencia la empresa no debe figurar en tal registro”. El Ministerio aceptó tal explicación y ENSIDESA no entró en el RERA.

Sin embargo, los delegados de CCOO han encontrado en los archivos varios documentos que acreditan la presencia de amianto en la fábrica con posterioridad a 1982. Una nota de 1984 donde el jefe de almacén de la factoría de Avilés informa de la existencia de 8.556 kilos de amianto en el almacén. Un documento de la propia ENSIDESA, fechado en 1987, que lleva por título “Especificaciones básicas para los trabajos de demolición en los que existe riesgo por presencia de amianto”.

Como explica Chus Rodríguez, que ENSIDESA no estuviera registrada en el RERA tuvo consecuencias para los trabajadores: no se realizaron mediciones ambientales, no se realizaron reconocimientos médicos, no se entregaron los equipos de protección individual, se expuso a riesgo a las familias de los trabajadores pues éstos se siguieron llevando la ropa de trabajo a lavar a casa, con el consiguiente traslado de las fibras de amianto.

Pero la gravedad del asunto es mayor, pues la empresa persistió en su actitud de privar a los trabajadores y trabajadoras de su derecho a la vigilancia de la salud. En 1995, ACERALIA (la nueva razón social de ENSIDESA) recibe un comunicado del INSALUD solicitando los nombres de los trabajadores que hayan estado expuestos a amianto a fin de realizar vigilancia de su salud. En el escrito de respuesta, la empresa afirma, otra vez, que todas las clases de amianto fueron sustituidas en 1982 y añade que “debido al tiempo transcurrido” no es capaz de identificar a los trabajadores que estuvieron expuestos a ese riesgo. Algo que los delegados de CCOO, utilizando un cuadrante a turnos, sí han podido hacer más de diez años después.

Pero ahí no acaba la historia: los delegados de prevención han encontrado otro documento, fechado en octubre de 1995, donde el jefe del departamento de Investigación y Control de Calidad de ACERALIA afirma literalmente que “la muestra que le mandaron para analizar es amianto puro y que no se aprecia otro tipo de fibras”. En mayo de 2001, diligencias de la Inspección de Trabajo solicitan justificación documental de la composición de la ropa de trabajo adquirida en el período 1969-87 por ENSIDESA, a raíz de un juicio en ciernes. La contestación de la empresa es que “no tienen soporte documental de esas fechas y no pueden dar contestación a la diligencia”. Sin embargo, los delegados de CCOO sí encuentran en los archivos el catálogo de prendas donde figura el traje, las botas, el guante y el capuz, todo de amianto, que se utilizaba en ese momento. La descripción del catálogo es muy clara: “Como mínimo, las prendas deben contener el 80% de amianto en su composición”.

En junio de 2001, la Inspección Provincial de Asturias cursa un acta de infracción por el uso de amianto a una empresa auxiliar de ACERALIA por no poseer la ins - cripción en el RERA, declarando la responsabilidad soli - daria también de la empresa principal. Ese mismo mes, aprovechando la visita del inspector provincial de Trabajo, los delegados de prevención de CCOO lo acompañan a efectuar una diligencia a los departamentos de compras y almacenes, a quienes se les pregunta si existía o se usaba amianto en las instalaciones de ACERALIA. Ante la contestación negativa, al día siguiente, el inspector de Trabajo recibe en su despacho un sobre anónimo que contiene un albarán reciente donde constan productos con la referencia de amianto. “El revuelo que se monta es monumental”, relata Chus Rodríguez: “Se hace un plan de actuación que consta, como en 1982, de cuatro apartados: cuantificación, análisis de sustitutos, control de entrada y gestión de existencia”. El resultado es que, en 2001, aparecen más de 250 productos con la palabra amianto o susceptibles de contener amianto. Y a 31 de julio nos encontramos con una circular que dice que a siete productos no les ha encontrado “todavía” sustituto.

Si hay algo a lo que se resiste la cultura empresarial dominante es a admitir que una mala organización del trabajo provoca la enfermedad de los trabajadores y trabajadoras. El caso que expuso María Jove, de la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de Cataluña, muestra precisamente eso: en el Hospital San Jaume de Calella, los cambios organizativos derivados de una fusión empresarial provocaron un aumento de los riesgos psicosociales. Las delegadas de prevención dedicaron su tiempo a verificar cuáles eran los cambios organizativos que llevaban a las bajas y a la enfermedad y encontraron que el origen estaba en la reagrupación de todos los servicios, la supresión de puestos de organización intermedios y en una importante ampliación de plantilla basada en contrataciones precarias.

La empresa creció en 1.000 trabajadores con contrataciones en precario: “Se contrataba –explica María Jove– a la gente por 10 horas semanales y al día siguiente se les aumentaba su contratación a una jornada completa, pero sólo por una semana”. Las trabajadoras vivían pendientes del teléfono porque se solicitaba su presencia en el centro de trabajo con media hora de tiempo de reacción. El personal sanitario de nueva contratación conocía sus horarios de semana en semana, sin respetar siquiera los turnos, ni tarde ni mañana, ni días ni noches.

Los problemas de salud músculo-esqueléticos, digestivos, las cefaleas y fundamentalmente los problemas psicológicos como la fatiga, la sobrexcitación, la ansiedad y las depresiones se multiplicaron. Para probar la relación entre estos riesgos y estas exposiciones fue clave la aplicación del método de evaluación COPSOQ-ISTAS 21. Las delegadas encontraron mucha oposición, pero finalmente, tras varios rechazos, la empresa no superó una auditoría y eso ayudó a que las delegadas de prevención de CCOO, sindicato minoritario en el hospital, lograran convencer al servicio de prevención y al resto de las secciones sindicales para aplicar este método de evaluación y de intervención. La dinámica desbordó a la empresa: lograron mostrar cuáles eran los riesgos psicosociales y cómo se relacionaban con una determinada organización del trabajo. En la actualidad, el personal del Hospital San Jaume de Calella ha logrado firmar los diferentes documentos que se plantean en el COPSOQ-ISTAS 21, todo en el marco del Tribunal Laboral de Cataluña, lo que otorga a esos acuerdos el carácter de convenio colectivo. Además, se han llevado a la práctica un tercio de las medidas preventivas acordadas.

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