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Sumario nº 26
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Asesinato de dos inspectores de trabajo en Francia. Cuando el despotismo empresarial se convierte en asesino

AGUSTÍN GONZÁLEZ.
El pasado dos de septiembre en la localidad agrícola de Saissignac, un pueblo de la Dordogne, en Francia, dos inspectores de trabajo, Daniel Buffière, 45 años y un hijo, y Sylvie Trémouille, de 41 años y también madre de un niño, resultaron muertos a tiros mientras realizaban una visita a una empresa del sector. El autor de los hechos, el empresario, atentó luego contra propia su vida resultando gravemente herido.

El hecho ha provocado una ola de indignación entre los inspectores y otros trabajadores de la administración que han exigido al Ministro de Trabajo, Gérard Larcher, que condene públicamente los hechos y reafirme la legitimidad de la actividad que realizaban los inspectores asesinados. Los sindicatos franceses llamaron a la huelga general el pasado 16 de septiembre. La opinión pública y las organizaciones sindicales francesas e internacionales han reaccionado inmediatamente con múltiples muestras de solidaridad y protesta.

Si es alarmante que se produzcan tales hechos, lo es aún más que esto suceda en Francia, un país con una larga tradición en relaciones sociales y donde no se había producido un asesinato de un inspector estatal desde mediados del siglo XIX. 

Sin embargo, la mayoría de los medios de comunicación han tratado el tema como un crimen común más, sin referencia alguna a la gravedad de lo ocurrido. Incluso parecería que el suceso ha despertado poco interés informativo como ha denunciado el periódico Libération (“Doble muerte, doble olvido”).

Sheriffs neoliberales que se toman la justicia por su mano

Algunos medios de prensa han señalado que la impunidad con que ciertos empresarios transgresores de las normas han actuado en los últimos años ha llevado a que los más desequilibrados se crean con derecho a ejercer su voluntad por la fuerza dentro de los límites de sus propiedades, tal y como ocurría y sigue ocurriendo en ciertas partes del mundo donde incluso está permitido matar para proteger la propiedad privada. Y es que nuestro mundo se ha impregnado en los últimos años de una vulgar chulería por parte de los que ostentan el poder y no tienen escrúpulos a la hora de hacer valer sus principios.

Aunque lo sucedido parezca un simple hecho aislado, la naturaleza del mismo y de otras situaciones similares que se han suscitado recientemente tanto en Europa como en otras partes del mundo ponen de manifiesto una filosofía apoyada en el neoliberalismo que desprecia el papel de los órganos estatales encargados de garantizar el orden social. 

Las atrocidades que se cometen en las fronteras mismas de Europa en el nombre del orden mundial están también afectando nuestra sociedad.

Si los autoproclamados nuevos “sheriffs” de este mundo han decidido actuar de manera sangrienta e impune para hacer valer la injusticia, si los empresarios que violan la ley y presionan para que se socaven los derechos democráticos y la filosofía del despojo se convierte en ley, no es extraño que se produzcan hechos de esta naturaleza.

En el actual clima de retroceso de los derechos democráticos ante la presión neoliberal tal vez sea necesario apelar a los viejos “sheriffs” para que acompañen a los inspectores de trabajo en su labor de garantes del orden social. Sería justo y consecuente.

 

Los inspectores de trabajo en el punto de mira

MARÍA NARDUCCI, Presidenta de la Confederación Iberoamericana de Inspectores de Trabajo.

El asesinato de los inspectores de trabajo Sylvie Trèmouille y Daniel Buffière fue muy poco divulgado en Francia. La televisión nada informó sobre Sylvie y Daniel, ni sobre sus hijos, su trabajo, la misión que cumplían y por la que fueron asesinados. Ni siquiera fueron citados sus nombres y los comunicados sindicales que denunciaban el crimen tampoco fueron publicados en la prensa. Una verdadera cortina de silencio.

Los inspectores asesinados se dirigían a la propiedad de un productor rural para investigar las condiciones laborales de los trabajadores agrícolas en la recolección ciruelas y uva. Hay que señalar la amplitud del trabajo jornalero en Francia, casi siempre “clandestino” que genera una enorme sangría a las propias arcas del Estado. 

Los inspectores de trabajo y los sindicatos han realizado innumerables actos y manifestaciones en toda Francia reivindicando “justicia para los inspectores asesinados y la defensa de la función de la Inspección de Trabajo.”

Este no es un hecho aislado ni un fenómeno puntual fruto de la locura de un empresario. Algunos recordarán que el 28 de enero de este mismo año, fueron asesinados otros 3 inspectores de trabajo y el chofer que trabajaba con ellos, en el Estado de Minas Gerais (Brasil). Realizaban su labor también en establecimientos rurales y agroindustriales contra el trabajo esclavo y semiesclavo.

Cinco asesinatos, pues, en diez meses. Aquí y allá las reglas de juego que imperan en las relaciones laborales son las mismas: libertad de empresa y desregulación, lo cual conduce inevitablemente al debilitamiento de las políticas públicas en materia de inspección de derechos laborales. 

Una cifra de la Organización Internacional del Trabajo resume las consecuencias de todo esto sobre los trabajadores: diariamente mueren 5 mil personas en accidente de trabajo en todo el mundo y se estima que la mitad de estas muertes ocurren en la agricultura.

Los inspectores de trabajo cumplimos una misión pública de enorme relevancia social, a la que se le ha hecho “perder valor” por la falta de respaldo de los Estados, más ocupados por el empleo a cualquier precio y la libertad de empresa que por la vida de sus ciudadanos, incluidos nosotros. Nuestro dolor y cólera se suma a la de los colegas franceses y junto a ellos exigimos justicia y reclamamos el respaldo efectivo a la función inspectora porque hoy como ayer “la paz universal sólo puede existir si existe justicia social”.

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